Reportaje | Las salas madrileñas reciben el 2004 El aumento de público y el «boom» de los musicales auguran buenos tiempos para los escenarios de la capital
18 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Hay tanto donde elegir que decidirse es todo un reto. Desde el humor gestual del último espectáculo de Tricicle, Sit, hasta la trascendencia de El Rey se muere, el texto de Eugene Ionesco que dirige José Luis Vázquez, la infinidad de obras que inauguran el año teatral en la capital abarcan todos los registros. La Red de Teatros de la Comunidad de Madrid, que comprende todos los motajes subvencionados por la Consejería de Cultura, contabiliza un total de 70 compañías para el primer semestre del 2004, de las cuales una buena parte son de corte teatral. Si a esta oferta sumamos la de las numerosas salas de financiación privada, el resultado es, sencillamente, abrumador. «Hay más obras en cartel y se ha registrado una subida de público respecto a otros años», indica Óscar Millares, especialista en teatro y danza de la Sociedad General de Autores, que, sin embargo, descarta que se pueda hablar de boom escénico: «El teatro está constantemente en crisis, y constantemente de moda». Según Millares, los factores que han provocado este discreto auge han sido, básicamente, el éxito de musicales como Cats o Cabaret -«que han llevado a mucha gente por primera vez al teatro»-, la fiebre de los monólogos -el actor Gabino Diego ha sido el último en subirse al carro de estos espectáculos de bajísimo coste con Una noche con Gabino-, la venta virtual de entradas por Internet y la espectacular aplicación de nuevas tecnólogías a los montajes. Desorientación Para otros, este superávit de montajes no refleja necesariamente la buena salud del panorama teatral madrileño. El productor Alonso Seoane, que estrenó la semana pasada dos montajes de altura en la capital, La casa de los siete balcones y Una noche con Gil de Biedma, afirma que «Madrid es la plaza más difícil de España. Hay tanta oferta que los teatros resultan escasos». Esta abundancia «produce desorientación teatral. Obras como Trece polvos o Los Diálogos de la vagina hubieran debido representarse en un café teatro». Por eso, Seoane prefiere, con creces, «actuar en cualquier ciudad de provincias».