«Cayó al suelo y dejó de gritar»

Gracia Novás REDACCIÓN

ESPAÑA

King relató ante el juez cómo mató a Rocío porque quiso «tocarle el trasero» pero la chica se resistía y «no paraba de moverse». El británico insiste en que lo hizo todo solo

28 oct 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

La noche del 9 de octubre de 1999, Tony Alexander King había consumido alcohol y hachís en casa de su amigo Robert Graham. Así lo reconoció en su declaración ante la Guardia Civil y el juez de Coín -realizada los pasados días 20 y 21 de septiembre-, a quienes aseguró que no tenía intención alguna de matar a Rocío Wanninkhof. Todo sucedió de forma no meditada pero implacable, desde el momento en que, cuando conducía de regreso, la vio caminar sola y pensó en «tocarle el trasero». Sin embargo, como publicaron ayer los medios del grupo Vocento, al advertir que se metía por un vial sin tránsito, la rebasó y se bajó a esperarla. «Cuando se acercaba pensé que si sacaba la navaja la podía intimidar y tocarla. Era una calle silenciosa. Le puse la navaja al cuello y le dije que viniera conmigo». Pero la muchacha reaccionó sin docilidad, algo que a King, admite, le «cogió por sorpresa». «Rocío me empujó e intentó huir, y la navaja era muy afilada y le corté el cuello». En su testimonio aclara cómo la asió por la cintura con la navaja y con la otra mano le tapó la boca. Ya sólo pensaba en escapar, «porque todo había salido mal». Fue un estropicio brutal. «Ella era joven» y supuso que, atenazada por el miedo, «haría lo que yo le dijese». El acusado confesó al juez que mientras la conducía a un bancal para reducirla, llevaba la navaja en la mano y acuchilló a la chica. Tanto es así que hasta se la dejó clavada un tiempo al vislumbrar un coche. «No paraba de forcejear (...) Creo que tiré de ella de los brazos, del pelo y al final de los pies». El británico admite que, tras caérsele los zapatos, le tiró de los pantalones, que se salieron; no esperaba tanta resistencia a sus deseos. «Le dije que se estuviera quieta, que me marcharía -aseguró-, pero ella no paraba de forcejear, de gritar. Le clavé la navaja». En su declaración, King dice que ni sabe cuántas puñaladas le asestó, y piensa que una fue en el abdomen. «Recuerdo tres, pero puede que le diera más, y podrían ser en cualquier posición porque no paraba de moverse. La última puñalada fue por la espalda, cayó al suelo y dejó de gritar». El examen de los restos mortales estableció que había recibido diez cuchilladas, ocho por la espalda. King la dejó y huyó, pero regresó a buscar la navaja. Cuando llegó -sospecha- ya estaba muerta. Recogió el arma y metió el cuerpo en el maletero. Salió por la N-340, que abandonó por una pista sin asfalto hasta un descampado, donde dejó el cadáver. «Rocío llevaba unas bragas blancas, un top azul desgarrado por la pelea y se le veían los pechos. Creo que le quité las bragas y estuve tocando su cuerpo, pero no me quedé mucho porque me podían pillar. La tapé con ramas». «Soy muy malo» King insiste en que no le ayudó nadie. Según su declaración, ni siquiera conoce a Dolores Vázquez. Sí sabía que había sido acusada y, a pesar de todo, guardó silencio: «Sí, me callé, soy muy malo». Tras ocultarla, fue a una playa, arrojó la navaja y se lavó. En un contenedor tiró lo que pudiera tener manchas de sangre. Fue a casa, se quitó la ropa ensangrentada, se duchó y durmió. Pero su intento de «hacer una vida normal», admite, se vio frustrado porque había mucha gente buscando a Rocío. «Estaba aterrorizado», fumaba y bebía «sin parar» hasta que dos semanas después decidió trasladar el cuerpo (allí «era fácil de encontrar»). «Llovía mucho y estaba muy oscuro, no sabía dónde dejarlo». Pasado Marbella, tomó un camino, cogió el cadáver y lo arrojó al otro lado de una valla. «Quemé el cuerpo para que no se encontraran pruebas. Vi las llamas y salí corriendo». Aquí reside la gran contradicción, porque el cadáver hallado en la urbanización Los Altos del Rodeo presentaba un grave deterioro, pero no estaba calcinado.