Las ilustraciones del Quijote

La Voz

ESPAÑA

FRANCISCO SECO

Madrid, Madrid, Madrid El Prado y la Calcografía Nacional recogen las imágenes del texto cervantino

30 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«Que trata de lo que verá el que lo leyere, o lo oyere el que lo escuchare leer». Así, invitando a que sea la imaginación la encargada de dar cuerpo, intituló Cervantes uno de los últimos capítulos de la segunda parte del Quijote. A leer y escuchar, se refería el literato alcalaíno, ignorante de que poco después el texto aparecería ilustrado con imágenes que iban a fijar la iconografía de dos de los grandes referentes de nuestra cultura, don Quijot e y Sanch o, representantes de distintas actitudes ante la vid a. Desde la primera edición ilustrada, aparecida en 1605 en Lisboa, se perfila una imagen inconfundible de ambos que pasaría al imaginario colectivo: el hidalgo, «de complexión recia, seco en carnes, enjuto de rostro», y Sancho, «de barriga grande, el talle corto y las zancas largas». X. De forma premonitoria, el autor comenta en la dedicatoria de la segunda parte el interés del emperador de la China por recibir la continuación de la historia y su intención de fundar un colegio donde leer en castellano El Quijote. Lo cierto es que las estampas que le dieron color pronto se convirtieron en modelos para la fructífera industria de la porcelana, como se refleja en un plato que se puede contemplar en el Prado. La mayoría de las obras se conservan en The Hispanic Society of America procedentes de la colección del inglés Henry Spencer Ashbee (1834-1900), quien las adquirió durante las últimas décadas de su vida, cuando sus intereses se centraron en el estudio de la obra de Cervantes. Se complementa con préstamos de la Biblioteca del Cigarral del Carmen de Toledo, Biblioteca Nacional, Real Academia de Bellas Española y con las propias de las dos sedes.