Reportaje | Hablan los vecinos de los protagonistas de la trama de la Asamblea En el barrio de San Fermín afirman que nunca vieron a María Teresa Sáez con capacidades
03 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Los cinco primeros días de la comisión de investigación apenas han dejado novedades en el caso. Quizás, lo más llamativo haya sido escuchar por primera vez a la tránsfuga María Teresa Sáez dando explicaciones, o intentándolo al menos, sobre lo que ocurrió el día de autos, el 10-J, y por qué ocurrió. Su intervención -la segunda en sus cuatro años en la sede vallecana- se ajustó al mismo discurso antisimancas y anticomunista de Tamayo y Balbás, aunque con bastantes más dificultades para expresarlo con claridad. En su barrio, la colonia de San Fermín (Usera), no sorprendieron tanto sus carencias oratorias y sus respuestas atropelladas. «Maite no vale para estar en política. Ella es así, tal como habló. Los otros dos [Eduardo Tamayo y José Luis Balbás] sí que están preparados y supieron salir mejor de la situación». Lo dice uno de sus vecinos, Francisco Expósito, quien dice conocerla «de toda la vida» y haber tenido «un trato frecuente» con María Teresa Sáez. Él habla en pasado porque Maite, como la conocen en el barrio, no aparece por allí desde la mañana de su plante en la Asamblea de Madrid. Francisco reconoce sentirse «decepcionado», aunque está convencido de que «la han engañado: sus compañeros o quién sea, porque ella, por su propia iniciativa, no lo habría hecho». «Es una traición» Otra mujer, Clara, también le saca la cara: «Es una buena persona, igual que su madre. Si investigaran a todos los que están ahí, no se salvaba ninguno. Ni del PP, ni socialistas ni comunistas», exclama. No todos se muestran tan comprensivos y condescendientes. «Es una traición, lo haga quien lo haga, y tenían que ir a la cárcel. ¡Pero si no sabe ni hablar! Han ido a por él [Rafael Simancas] porque quería construir casas baratas para los jóvenes», comenta irritado otro habitante del barrio. Blanca, ya jubilada, trabajó durante dos décadas en la asociación de vecinos del barrio junto a su marido y asegura que nunca la vio por allí, a pesar de que la diputada tránsfuga asegura haber trabajado en el movimiento vecinal. Ella reconoce ser votante del PP, pero critica su espantada, aunque sin ensañarse. «No me parece bien lo que ha hecho. Iba en una lista y la gente votó al partido, no a ella. Si estaban en contra de algo, debían haberlo dicho antes o haberse marchado», comenta a pocos metros del domicilio de María Teresa Sáez. Su casa resalta sobre el resto. En una zona de viviendas bajas, de una sola planta, la suya consta de dos (una bodega inferior), además de una aparatosa valla metálica negra, de un generoso porche y de un moderno tejado, al estilo de los países escandinavos. Las afiladas lenguas de San Fermín señalan que consiguió la licencia de la Junta Municipal de Usera sin respetar la estructura de la construcción. «Dice que le costó 17 millones de pesetas toda la obra. ¡Vamos hombre, pero si sólo excavar lo que excavó para hacer la bodega ya vale eso! Se lo ha llevado limpio ahora y se lo lleva llevando hace tiempo», afirma indignado Javier, que vive a dos manzanas de distancia. En la fachada todavía se notan las marcas de las pintadas que le hicieron al día siguiente a su fuga y que su marido, Enrique Prieto, borró con pintura blanca. Es la segunda vez que su mujer salta a los titulares de los periódicos. La primera ocurrió hace una década, cuando el matrimonio fue acusado de robar un millón de pesetas de la Agrupación Socialista del distrito, Mediodía Sur. En aquella ocasión, el tema murió en la Federación Socialista Madrileña. Ahora, el tema le ha explotado en las manos a la FSM. a los ti a