Aunque el lunes 26 por la mañana España se poblará de acertantes de la quiniela del día después, lo cierto es que hoy día la incertidumbre es máxima en los cuarteles generales de los partidos. Hacia fuera todo es triunfalismo. De puertas adentro algunos incluso rezan por su salvación terrenal. Las encuestas bailan y todo es relativo: depende de la participación, depende del voto a partidos no centrales -más allá del PP y el PSOE y los que gobiernan algo como CiU , CC y el propio BNG - y también del éxito de las candidaturas independientes que especialmente en Galicia pueden desfigurar cualquier resultado. Léase Baiona con cinco propuestas independientes o Ferrol donde por carambola de independientes puede terminar gobernando el PP en vez del BNG con riesgo de la salud de don Manuel Fraga por ataque de risa agudo. La sorpresa no estará en las tendencias sino en su medida y en la distorsión posible de esas tendencias. La apuesta no es que el PSOE obtendrá más votos, globalmente considerados, que el PP. Parece claro que sí: como ocho millones largos contra algo menos. Ni que subirá IU , que tambien. Incluso que algunos partidos regionalistas en Aragón , La Rioja , Baleares , quien sabe si Cantabria , y por supuesto en Canarias decidirán el nombre del nuevo presidente aliándose con unos u otros. Eso es lo probable, pero poco significativo salvo que ello genere un vuelco del mapa. Las preguntas importantes ahora mismo son otras: ¿Perderán los populares la Comunidad de Madrid y acaso la de Valencia ? ¿Resistirá Gallardón el efecto guerra de Irak y la presencia de Ana Botella en su lista para alcanzar la alcaldía de Madrid? ¿Recuperarán los socialistas Vigo gracias a la candidatura de Pérez Mariño despues de la cirugía que extirpó de las listas a Príncipe ? ¿Aguantarán los socialistas la alcaldía de Burgos frente al ex ministro Aparicio con Ortega Lara en su lista? ¿Conservarán entre populares y socialistas las alcaldías de Vitoria y San Sebastián y la Diputación de Álava ? Y tomando prestada la pregunta a Karmentxu Marín , ¿cómo se llama el amigo de Bono que eligió a Adolfo Suárez junior como candidato del PP en Castilla-La Mancha ? Lo que vale es responder a eso ahora y no el lunes 26 por la mañana con el clásico «ya te decía yo...» que se alía con la frágil memoria. Y las encuestas no ayudan a acertar ahora mismo. Igualdad demoscópica Algunos ejemplos. El mismo día, el diario ABC situaba a los socialistas cinco puntos por encima de los populares en la intención de voto y la encuesta de El Mundo justo al revés, cinco por debajo. Para Rafael Simancas , candidato socialista a la Comunidad de Madrid, la explicación es fácil y así se la cuenta a La Voz : «Ya sé desde hace tiempo que quien hace esa encuesta para El Mundo es quien codirige la campaña de Esperanza Aguirre , candidata del PP en Madrid. No me parece ético, pero no me pararé a denunciarlo porque lo importante es hablar de la vivienda y que la gente vote. Ésa es la encuesta que vale». Más ejemplos: La Vanguardia destacaba en primera página hace unos días que el alcalde socialista Joan Clos baja en sus expectativas de mayoría casi absoluta en Barcelona , titular que según confiesan colaboradores de Clos les llenó de alegría porque hará que sus partidarios no se vayan a la playa porque todo esté ganado sobradamente. Mientras en las ciudades y pueblos la campaña se libra puerta a puerta, Aznar y Zapatero andan a razón de dos provincias por día. Quien se informe sólo por los telediarios nacionales -más del 70% de la población- seguramente creerá que Mayor Oreja , Rato , Rajoy y un grupo selecto de dirigentes socialistas han aprovechado la campaña para marcharse de vacaciones al extranjero dejando solos a sus líderes y a los candidatos a alcalde. Si no fuera porque los viernes hay Consejo de Ministros algunos habrían desaparecido de escena dado que Aznar en su partido se lo lleva todo en pantalla. Parece hasta normal dado lo que se juega. Otra cosa es que para tratar de ganar las elecciones y sobre todo el plebiscito dentro de su partido tras los disgustos recientes, recurra a un lenguaje -socialcomunistas, separatistas y otras lindezas- que no se escuchaba en ese tono desde la época de Arias Navarro . No es una exageración. La derecha en el poder democrático, como demuestran las hemerotecas y las videotecas, nunca habló así: ni Leopoldo Calvo Sotelo , ni por supuesto Adolfo Suárez , ni ninguno de sus ministros. Exabruptos se han escuchado ocasionalmente a algún ultramontano diputado del PP felizmente relevado como Luis Ramallo , por ejemplo. Nunca a un presidente del Gobierno. ¿Tiene necesidad de ello?, se preguntan los expertos en mercadotecnia electoral. Incluso en el interior del PP se discrepa sobre la deriva presidencial hacia ese lenguaje por entender que puede ahuyentar el voto de centro que se refugió en el PP cuando se inició la decadencia de la era González . Esa tensión dialéctica que crispa la campaña -y de forma especial en el País Vasco , donde ya se cuida el PNV de convertirse en el otro polo del arco voltaico- añade mayor incertidumbre a los resultados. Por ello, ante tantas incógnitas, debería lanzarse una quiniela electoral con pleno al quince. Aumentaría la participación y la emoción de la sorpresa que se prepara.