El PP teme la visita del Papa

Manuel Campo Vidal

ESPAÑA

26 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Por una visita del Papa en vísperas electorales suspira cualquier partido de derechas en todo el mundo. Sin embargo, en el Partido Popular, otrora feliz con los desembarcos de Juan Pablo II , crece la inquietud. En plena faena de hacer olvidar la guerra de Irak para que los ciudadanos no la tengan presente el 25 de mayo, no se le ocurre nada más al Pontífice que venir a España después de haberse destacado como bandera mundial del pacifismo. Y el cardenal Rouco Varela se empeña en ponerle delante a medio millón de jóvenes en el aeródromo de Cuatro Vientos y a un millón de personas en la plaza de Colón en la misa de canonización de cinco nuevos santos. Todo a veinte días de la jornada de reflexión electoral. Es lógica la preocupación de Aznar. Seguramente no se le olvidará nunca que Juan Pablo II le levantó la voz para discrepar de su apoyo a Bush y, según filtró intencionadamente un colaborador para que el mundo supiera bien a qué jugaba el jefe de la Iglesia Católica, incluso dio algunos golpes sobre la mesa durante la conversación. A Blair le sucedió lo mismo y a Berlusconi peor porque el Papa lo echó literalmente del despacho. De ahí que el primer ministro italiano, a la vista de la rotundidad papal y de las calles llenas de opositores a la guerra, decidiera dar marcha atrás en su entusiasmo bélico dejando solos a Aznar y Blair en el papel de aliados de Bush. Pero eso fue en la antesala de la guerra. Después vino el ataque que duró veintidós días, ya llevamos otras dos de dura postguerra y de sedantes mediáticos de la opinión pública y, justo ahora, cuando ya empieza a intuirse la esperanza de que a la gente se le pueda pasar el enfado, se presenta aquí el Papa con la infalibilidad incorporada que se le supone. El problema insoluble de momento es cómo controlar su discurso. El despliegue de dos mil quinientos agentes en las calles de Madrid con todo lujo de especialistas en terrorismo e incluso con la unidad NBQ -de alerta química y bacteriológica- no sirven para controlar las palabras del Papa, que puede despachar la guerra con una breve referencia o lanzar un duro alegato pacifista. Normal que Aznar esté preocupado. Una cosa es que te riñan severamente en un despacho del Vaticano pero a solas y otra que te riñan en la plaza de Colón delante de un millón de personas, presuntamente electores tuyos en su mayoría, y con cien cámaras de televisión conectadas al mundo. Por si acaso, los medios de comunicación galos -según confirma la agencia France Press a La Voz- destacan en sus previsiones de cobertura de esta visita papal a España. Sería un alivio para Chirac que el Papa le diera un repaso a Aznar a domicilio. Y la izquierda española cantaría aleluyas. Promoción de Rouco Pero está por ver lo del medio millón de jóvenes en el aeródromo -solo se han inscrito de momento setenta mil- y lo del millón de fieles en la misa de canonización. El cardenal Rouco Varela sabe que tiene un largo puente como enemigo -en Madrid es fiesta el Dos de Mayo- y escasa colaboración de los medios públicos y ad láteres para movilizar gente, a diferencia de otros viajes. Por eso, como el cardenal ya percibe la indiferencia gubernamental, se desgañita tensando el aparato de la archidiócesis y tirando la casa por la ventana en cartelería, folletos, estampas y guías espirituales. Mal rato deben estar pasando gentes como el ministro Federico Trillo quien, según Felipe González , propone seguir al Papa en todo lo que diga menos en lo de la guerra. O los democristianos, especie política aparentemente en extinción desde aquel rotundo fracaso electoral del honestísimo Joaquín Ruiz-Giménez . Falleció recientemente uno de los últimos, Íñigo Cavero , famoso sobre todo por aquella inefable frase: «Soy democristiano de cintura para arriba». En el poder, ahora mismo con denominación de origen DC solo queda Javier Arenas pero él mismo diluyó su talante inicial al convertirse a la teología de la crispación verbal. Otra cosa es que Arenas, sin duda uno de los dirigentes populares con más registros artísticos, pueda algún día recuperar su condición inicial de sonrisa del PP, como se le denominó antes de su metamorfosis al compararlo con su paisano cordobés, de Cabra exactamente, don José Solís Ruiz , ministro de Franco apodado la sonrisa del Régimen . También Solís pasó a la posteridad por una frase siendo ministro secretario general del partido, en aquel caso del Movimiento: «La juventud española lo que necesita es menos latín y más deporte». Le contestó públicamente un catedrático de Latín, atrevido para aquellos tiempos, que le espetó: «Señor ministro, gracias al latín, a los hijos de su pueblo, a los hijos de Cabra, les llamamos egavrenses». Con esa nueva contradicción para una parte el Gobierno que celebra espiritualmente la visita del Pontífice, pero al mismo tiempo es consciente de que es un riesgo político cierto, los estrategas del PP preparan un antídoto comunicacional por si el Papa les canta las cuarenta. Habrán comprobado los lectores de La Voz esta semana la solvencia de la filtración del aparato del PP recogida en esta crónica, sobre la instrucción de unir el nombre de Zapatero al de Llamazares en sus discursos para dibujar el espantajo del social comunismo. El propio Aznar habló públicamente de esa coalición, sólo con una ligera variación: se refirió a la coalición Llamazares-Zapatero .