El historiador gallego propone una revisión a fondo de Franco y de la contienda en «Los mitos de la Guerra Civil».
10 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Este gallego de 53 años fue uno de los fundadores de los Grapo. Más de un cuarto de siglo después se ha convertido en defensor de Franco, al que considera menos cruel que Churchill o Roosevelt y más respetuoso con la Cosntitución republicana que Azaña. Moa acaba de publicar Los mitos de la Guerra Civil (la Esfera de los Libros), en el que propone una revisión de la época de la República, de la Guerra Civil y del personaje histórico del dictador. «Se han dicho muchas mentiras», afirma. - ¿Fue el golpe de Franco una respuesta contra el peligro comunista? -Sí. Al final se creó una situación en que la derecha o se sublevaba o era aplastada irremisiblemente. -Una de sus aportaciones es que considera la rebelión de la izquierda en 1934 como el comienzo de la Guerra Civil. -La insurrección fue planteada como una guerra civil. En aquella época la izquierda la consideraba como una cosa penosa pero necesaria para abrir el paso a la revolución. -¿Franco fue bueno para España? -Digamos que hay que revisar todo lo que se ha dicho sobre él. Pero indudablemente el problema de la guerra es si surgió de un peligro fascista o de un peligro revolucionario. Está clarísimo que no había peligro fascista, salvo muy a última hora, pero sí había un peligro revolucionario que fue creciendo desde el principio de la República. Franco se opuso a él y lo venció, esa es la realidad. -¿Por qué cree que se han impuesto en España las tesis de historiadores como Preston, Tusell o Santos Juliá? -Por un dominio de los medios de comunicación, porque es la imagen que más ha cundido en el extranjero y porque estos historiadores, en su mayoría, han sido muy poco honestos desde el punto de vista científico. Al que discrepaba lo aislaban y lo erradicaban. La campaña que ha habido contra Ricardo de la Cierva ha sido monstruosa. El análisis de los hechos se ha sustituido por la propaganda exacerbada que crea rencor y reaviva los odios de una manera lamentable.