Luchar contra el acoso moral en el trabajo es una de las promesas que realizó ayer el candidato de Los Verdes Izquierda de Madrid, José María Mendiluce, durante su encuentro con la asociación Mobbing, alto ya, en el sur de Madrid. Se comprometió a no incluir en sus listas electorales a personas que sean presuntos o reconocidos «acosadores». Mendiluce presentará un proyecto de ley en contra del acoso moral, y manifestó que ha pedido a los demás partidos que luchen contra esta lacra, que afecta «principalmente a los funcionarios». El PP ha diseñado una precampaña para las elecciones municipales y autonómicas del próximo 25 de mayo con tres patas que sustentan el peso de sus ofertas electorales: sanidad, seguridad y servicios sociales. Los conservadores están convencidos de que si abundan en estos tres ejes, los madrileños seguirán dándoles su confianza. De ahí que la mayoría de los actos propagandísticos de sus candidatos incidan en estas materias. Por eso cada mochuelo ya está de camino a su olivo. La primera en sacar la bandera que ondeará en esta campaña fue Esperanza Aguirre, quien enarboló la sanidad como su mejor estandarte. En sus últimos actos ha blandido la creación de siete hospitales para la región como panacea para solucionar los males que achacan la salud de los madrileños. Entre esta medida y la de que las habitaciones sólo acojan un enfermo se está haciendo un hueco en la gran oferta de promesas.Otro que retomó ayer su papel de adalid de la seguridad en Madrid fue Alberto Ruiz-Gallardón. El presidente autonómico aprovechó que el ministro del Interior se desplazó a Villanueva de la Cañada para inaugurar una casa cuartel de la Guardia Civil para presentarse una vez más como defensor de la libertad, «aunque sin seguridad es dificil que su existencia sea plena», según aseguró ayer. El candidato a la alcaldía de Madrid resaltó que las nuevas instalaciones reflejan «los modernos criterios de funcionamiento y equipamiento que caracterizan a las fuerzas de Seguridad del Estado». Aunque del descenso del número de sus integrantes no habló. El tercer mochuelo que ayer cumplió con su misión más representativa fue la mujer del presidente Aznar. Ana Botella realizó su primera visita propiamente preelectoral y en solitario, al centro de promoción comunitaria de Valdebernardo, en el distrito de Vicálvaro. Allí se mezcló con monitores que enseñan a vivir en sociedad a familias realojadas y con alumnos que aprenden cómo buscar trabajo o cómo comportarse en una comunidad de vecinos.Una veintena de ciudadanos, la mayoría de etnia gitana, la recibieron a la llegada al centro y la entregaron cartas con peticiones para solucionar su problemas. La candidata les atendió uno a uno y les prometió a todos que las iba a leer y a contestarles. Ante la cercanía de la esposa del presidente del Gobierno, un de las mujeres le recriminó que hubiera acabado con la mili, «porque tengo seis hijos y ahora ninguno se va de casa».