Poco antes de las diez de la noche del lunes, una marea de jóvenes y no tan jóvenes se abría paso a codazos intentando encontrar un hueco desde el que se pudiera vislumbrar el escenario del abarrotado Palacio de Vistalegre. Unos minutos después, la multitud se estremeció, en un griterio más que ensordecedor, al ver aparecer, semanas después de que se agotaran las entradas para los dos únicos conciertos de la banda en España, a los Red Hot Chilli Peppers.El guitarrista John Frusciante, el cantante Anthony Kiedis, el bajo Michael Flea y el batería Chad Smith ocuparon sus puestos frente a un público entregado pero expectante ante su último trabajo, By the way , exponente de un sonido mucho más tranquilo que el de discos anteriores. No decepcionaron Sin embargo, no decepcionaron. Quienes temían que unos Red Hot desintoxicados y dirigidos hacia un público cada vez más amplio no estuvieran a la altura de lo que esa noche se esperaba de ellos salieron gratamente sorprendidos de un concierto en el que la potencia demostrada por la banda californiana se vio correspondida con creces por el entusiasmo de un público con ganas de pasárselo bien. Los dos temas de inicio, By the way y Scar Tissue, fueron coreados en Vistalegre al ritmo del frenético movimiento de Kiedis sobre el escenario y marcaron la intensidad que reinó en el recinto hasta que, a las doce menos cinco, los Red Hot se despidieron de los presentes.Hubo «momentos mechero», momentos para saltar y momentos para vitorear a estos californianos cuya conocida afición a quitarse la ropa en los conciertos y en sus vídeos musicales se limitó anoche a la exhibición del torso de Kiedis. Hubo espectáculo, con una pantalla gigante ampliando las imágenes del grupo en acción, que sigue manteniendo una actitud provocadora aunque mucho más light , y una iluminación efectista.La habilidad de los Red Hot Chilli Peppers para mezclar estilos musicales desde el funk hasta el soul pop más apto para todos los públicos volvió a triunfar el lunes en la gira de su trabajo más espiritual. Menos desenfreno pero una calidad intacta en unos temas que, en palabras del propio Kiedis, «son más fuertes de otra manera, más intensos».Vistalegre vibró desde los primeros acordes de Otherside y saltó con Suck my kiss , pero la máxima euforia se vivió durante la sentida interpretación de Californication , la balada que da nombre al penúltimo disco de la banda, un éxito fulgurante que vendió 12,5 millones de discos. Un ritmo preciso y eficaz Los Red Hot funcionaron con un ritmo preciso y eficaz, manteniendo bien alto el entusiasmo de los presentes en el que era el tercer concierto de la gira europea que, desde el pasado día 24 en Lisboa y hasta que el 29 de marzo den su tour por terminado en Estocolmo, les llevará con su dosis de buena música y mejor espectáculo por ciudades como Londres o Helsinki. Llegando al final de la velada, las luces se atenuaron y enfocaron a Kiedis, inclinado hacia el público. Los Red Hot interpretaron el mítico Under the bridge y el ambiente que se respiró entonces en el recinto dejó claro por qué la banda ha tenido que ampliar a dos (27 y 28 de enero) sus actuaciones en Madrid.