La exposición está patrocinada por la Obra Social Caja Madrid y Lunwerg Editores
09 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Desde sus inicios, Alfonso Sánchez García (Ciudad Real, 1880 - Madrid, 1953) fue consciente de la importancia que cobrarían sus fotografías para las generaciones venideras como fiel reflejo de una etapa de España. Tan es así que cuando retrató al fundador del Partido Radical, Alejandro Lerroux, con el que simpatizaba ideológicamente, comentó que «con él había entrado la Historia» en su estudio. Fue el célebre periodista Julio Burell quien le llamó, a los 24 años de edad, para dirigir la sección de fotografía de El Gráfico y le bautizó profesionalmente como Alfonso, firma con la que se haría popular y que sería continuada por sus hijos, Alfonso, Pepe y Luis Sánchez Portela, sus más leales asistentes. Tras sus celebrados reportajes sobre la revolución protuguesa, las campañas de Marruecos, la ejecución del capitán Sánchez o la Huelga General, todos los periódicos se disputaron sus favores. Así se convirtió en el reportero gráfico más importante de su tiempo, un testigo privilegiado y atento que supo captar como ninguno el pulso de la calle y los momentos decisivos de la vida pública. Valle -Inclán tumbado en su habitación con las suelas rajadas, Benito Pérez Galdós casi ciego acompañado por su perro guía, Federico García Lorca envuelto en su bata o Antonio Machado sentado en el café de las Salesas son algunas de las inmortales figuras que Alfonso captó en situaciones cotidianas. Bautizos y comuniones Pero para el fotohistoriador Publio López Mondéjar, comisario de la muestra patrocinada por la Obra Social Caja Madrid y Lunwerg Editores que hasta el 2 de marzo se podrá contemplar en el Círculo de Bellas Artes, este reportero fue también «el rey de las bodas y comuniones». «Él se consideraba más retratista de estudio que reportero. No había nadie en el Madrid de posguerra que no se hubiera hecho un retrato de boda o comunión en su estudio», señaló durante el acto de presentación. A través de cien fotografías, de las cuales ochenta son totalmente inéditas, se inmortalizan cincuenta años de historia a la vez que se demuestra su gran profesionalidad: «Fue un gran seductor, tenía amigos en todos los sitios y en todas las condiciones porque para él éramos todos iguales», afirmó el estudioso. La exposición se completa con un impresionante catálogo fruto de una concienzuda investigación de diez años en numerosos archivos públicos y privados que hasta ahora habían permanecido ocultos. Además de unos exhaustivos índices cronológicos y onomásticos de gran valor, en él se incluye un texto riguroso y ameno de López Mondéjar en el que se aportan datos sobre la vida y obra de este prestigioso personaje. Por ejemplo, las dudas que le suscita la fotografía tomada tras la sublevación del Cuartel de la Montaña, que él atribuye a Francisco Segovia.