DE OSOS Y MADROÑOS
18 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.PASAN LOS DÍAS, pero todo sigue más o menos igual. El Prestige sigue amenazando con enviar más fuel, o lo que sea, a las costas gallegas; los voluntarios siguen dando un grandioso ejemplo de solidaridad... y los políticos siguen empeñados en desprestigiarse todavía más, cosa que parecería imposible si no recordásemos aquel viejo proverbio chino que sentencia que «nunca estarás tan mal que no puedas estar un poquito peor». Lo están, desde luego. La ciudadanía asiste atónita al espectáculo político. Aquí no parecen importar más que las llamadas «responsabilidades políticas»; lo que ocurra con la basura que suelte el petrolero hundido se queda en un segundo plano. Ya hemos visto que vale todo para desacreditar al adversario, para arañar unos votos... o ni siquiera unos votos, sino algo tan vano, tan fútil, como unas décimas de punto en esas encuestas que no sirven para casi nada más que para fomentar el ego de quienes se ven favorecidos en ellas. Responsabilidades políticas... Quien tiene que exigirlas, el pueblo soberano, lo hará cuando tenga que hacerlo, en las elecciones autonómicas y generales. Y para ello, los votantes no necesitan estos espectáculos lastimosos; el ciudadano suele tener las cosas mucho más claras de lo que parecen creer sus representantes, y lo que ahora está teniendo clarísimo es que no cuenta más que como eso, como votante potencial que unos y otros se disputan con cualquier motivo, aunque el motivo sea tan grande, tan serio, como la catástrofe que asola Galicia. Y pensar que en aquella transición que fue casi modélica alguien llamó a alguien «tahur del Mississipi»... Qué habría que decir ahora, ante semejante falta de dignidad.