Los ciudadanos visitaron durante todo el día las instalaciones de la Bolsa de Comercio de Madrid
07 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.-«¡Hay mucho número rojo!». -«Sí, señora, es que hoy no es muy buen día». -«A mí me da igual porque no tengo ni un solo duro invertido en acciones». A esta señora y a las otras 19 personas que componían uno de los grupos que ayer pisaron el parqué de la Bolsa en Madrid no le importaban mucho las transacciones comerciales. Unos estaban allí porque habían escuchado en la radio que, con motivo del día mundial de la arquitectura, el emblemático edificio abría sus puertas al público y otros por pura casualidad, «porque estábamos paseando y hemos visto que entraba la gente». La visita, perfectamente organizada por dos estudiantes de arquitectura, comenzó en el salón de los pasos perdidos y terminó en el de las contrataciones, un espacio de cerca de 1.000 metros cuadrados con una capacidad para dos mil personas. Antes de llegar aquí, los visitantes tuvieron la oportunidad de sentarse en uno de los asientos de piel y madera de la sala de cotizar que, por los comentarios de una mujer experta en visitas a edificios emblemáticos, «se parecen mucho a los del Senado». En la pared, repleta de cuadros con la imagen de todos los presidentes síndicos menos el actual, cuelgan también dos placas recordando las visitas del rey Alfonso XIII en 1918 y de los reyes Juan Carlos y Sofía, el 21 de septiembre de 1981. Y, por supuesto, un reloj, un objeto muy presente en todo el edificio. Serpientes y símbolos «Es impresionante. Te has fijado cómo cruje el parqué», le decía Ramón a su mujer, Rosa, más pendiente de la cubierta de cristal y de las serptientes grabadas en los laterales, símbolo de la oferta y de la demanda, y de los escudos de algunas provincias de España. «No están todas porque no caben. Sólo están los escudos de las provincias más representativas por las transacciones comerciales», puntualizó uno de los guías. La explicación no le gustó a Esther. El escudo de su ciudad, Palencia, no estaba en la pared y, además, la visita no estaba resultando como ella esperaba. «Yo he venido aquí para ver la arquitectura del edificio y me están enseñando cosas que ya conocía», afirmó. El «disgusto» se le pasó apenas cinco minutos después, cuando el guía condujo al grupo hasta el salón de contrataciones, el centro del edificio, con muchos paneles de colores. Los visitantes aprovecharon la tranquilidad reinante en la sala para hacerse fotos y conversar con los corredores de bolsa, todos de avanzada edad, que seguían el desarrollo de la jornada bursátil a través de los ordenadores. «Mira, cuando los valores están en rojo es que bajan, cuando tienen color verde suben y cuando son amarillos es que se mantienen», explicó un hombre que llevaba cerca de treinta años trabajando en el edificio. Algunos más tenía una máquina Burroughs que, además de escribir, puede sumar, y que los encargados de la conservación del edificio custodian en una urna, junto a tres libros de anotaciones de 1896. La visita provocó distintas reacciones en los ciudadanos. Algunos quedaron decepcionados al ver la poca actividad en un edificio que años atrás había sido el centro de las transacciones comerciales en España; otros quedaron maravillados por el simple hecho de haber visto, tocado y disfrutado de un lugar que tanto han visto por televisión y otros se fueron maravillados y con ganas de repetir y de llevar a sus nietos. De momento, se dirigieron hasta la veintena de edificios emblemáticos que ayer, día mundial de la arquitectura, también abrieron sus puertas.