EL MERCADO DE LA CORTE
07 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Tráfico de influencias La cuestión no es que te quieren invitar; es que hay que rechazar educadamente la invitación. Se lo escuché a uno de los grandes políticos de la Transición, ya desaparecido. Hay bombas que estallan, y ya está; y luego están las bombas-racimo, que se expanden. La boda de la hija del presidente es del segundo tipo. El señor Agag recibe del banco portugués en el que trabaja desde hace pocos meses un regalo de 12 millones de pesetas y el banquete se celebra en una finca prestada graciosamente. Asoma el fantasma del tráfico de influencias. El triunfo del «Hola» «Pepiño» Blanco, secretario de organización del PSOE, predijo hace tiempo que «la boda» iba a ser determinante en el declive del PP, un diagnóstico que revalúa al político lucense, ninguneado injustamente por adversarios y supuestos «amigos» del PSOE. Ni Arzalluz, con su llantina por la pérdida de Batasuna, logra tapar un patinazo descomunal que los electores del PP atribuyen al empeño de una madre -doña Ana- en realzar el casamiento de su hija. El propietario de Hola , Sánchez-Junco, hábil editor de prensa, ha sido cooperador necesario. Inseguridad social El descenso del fracaso escolar en secundaria, del 15% en el último decenio según el ministerio de Educación, tira por tierra el argumento central que se esgrime para forzar a toda prisa la Ley de Calidad. Hay un espacio radiofónico cuyo título es Hablar por hablar . El vicepresidente Rato ha estado en Copenhague para exhibir su versión dulce de la economía española y dar lecciones de cómo hay que gobernar. Ingratitud del pueblo español que parece creer más a Zapatero cuando diagnostica inseguridad económica y social crecientes.