PALABRA DE MUJER
04 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.YO PRETENDÍA hacer caso omiso de la ya bautizada como «boda del año». En parte porque los contrayentes no me despiertan interés, y en parte porque estoy un poco hasta las narices de oír hablar del dichoso enlace. Que si los novios, que si el suegro, que si la madre, que si el traje, que si el esguince... que si las naranjas en vinagre, hombre! Cualquiera diría que nadie se ha casado nunca en este país... En fin, que yo me resistía a hablar del tema. Pero claro, me montan semejante fiestorro en Gabana, amenizado por «Siempre así», y con unas invitaciones que emulaban al as de corazones, y a una no le queda más remedio que hablar. Y hablo: me siento defraudada. Tanto señorío de Valladolid, tanta sobriedad castellana, tanto recato monjil y tanta mojigatería, para acabar cayendo en la vulgaridad de montar una despedida de solteros con famosos y sevillanas. Qué espanto.