AL NATURAL
02 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.HA SIDO un verano raro. España ya no es en agosto un seguro de sol y eso es un país de servicios, suena horrible, puede ser una tragedia económica. Todo el problema es que ha llovido más de la cuenta y había más ranas que lagartos bajo el tímido sol de agosto. Pero ojo con maldecir el agua. En la Cumbre de la Tierra han dicho que dos mil millones y medio de seres humanos no tienen acceso al agua suficiente, que tienen sed, les falta higiene y un a sanidad totalmente deficiente. Ni una broma con el agua. En EE.UU. están alarmados porque sus adolescentes son una bola de grasa, crecen a lo ancho y flotan en sus propios michelines. La culpa, dicen, es del consumo de refrescos cargados de azúcar, de colorantes y demás porquerías. Tanto es así que van a quitar de las máquinas de los colegios todos los productos químicos y dejarán unicamente las botellas de agua. De paso podían quitar la comida basura y enseñar a sus niños a comer verduras frescas, pescado fresco, algún cocido, tortilla de patatas, jamón de patanegra y naranjas de Valencia. Por otro lado, los meteorólogos y los ecologistas andan dándole vueltas al recalentamiento del planeta, al agujero de ozono, a la desertacización y al cambio climático. La mayor parte de las teorías son propias de Nostradamus. ¿Quién diablos conoce de verdad los cambios climáticos en un planeta que tiene millones de años, sus ciclos y sus variantes? Por cierto, lo del Diluvio Universal sólo lo sabía el que se lo contó a Noé con el tiempo justo para construir en no se qué astillero un arca suficiente para meter allí un puñado de animales. A los estudiosos del clima los debió pillar en bragas. El agua es así. Déjala correr.