Raíces vascas

MANUEL MOLÉS

ESPAÑA

AL NATURAL

12 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

ME VOY A PASAR el mes de agosto en el País Vasco. Voy a encadenar las ferias de la Blanca en Vitoria con la Semana Grande en San Sebastián para cerrar con las corridas generales en Bilbao. Curiosamente, la fiesta de toros está en pleno auge en las capitales de Guipúzcoa y de Vizcaya. Aquí se mantiene la absurda idea de que los toros son fundamentalmente un espectáculo españolista, centralista y escasamente vasco. La historia refuta de forma rotunda esta teoría. Los toros, como el fútbol y otras disciplinas, fueron utilizadas por la dictadura para entretener al pueblo en aquel obsoleto «pan y toros» o «pan y fútbol». Pero el toro, el Uro, entró en la península por el norte, por Euskadi, Navarra, Aragón y Cataluña. Pocos saben, por ejemplo, que Miura es un apellido de origen vasco y cuyo caserío ancestral todavía existe. Muchos olvidan que el primer juego de los toros es el de esta tierra. Una fiesta popular de quiebros, saltos y recortes con el toro en la calle. Aquí, en el País Vasco, están las raíces de una fiesta que luego evolucionó al cruzar tierras de Castilla, con los nobles alanceando toros, preludio del actual rejoneo, o con la aparición, en su llegada a Andalucía, tras la expulsión de los árabes, del toreo sobre las manos. Pero si hay algo que une a este Estado tan diverso y hasta diferente en otras cuestiones, es el toro, el remoto Uro que, procedente de Creta y de las orillas del Mediterráneo, decidió instalarse en la Península Ibérica y que más tarde fue llevado por los conquistadores a América. Que no se equivoque ningún errático contador de la Historia. El toro es tan vasco como el fútbol inglés.