Cuentas y factura

La Voz

ESPAÑA

De la misma manera que es imposible hacer tortillas sin romper huevos no se puede alcanzar una sanidad pública de excelencia sin que cueste un duro; ni gastar dinero sin tenerlo; ni tener dinero si antes no se consigue de alguna manera; ni endeudarse más allá de lo que uno es capaz de obtener para hacer frente a la deuda. Pongamos, en fin, que escribo del «céntimo sanitario», aprobado en la soledad misma del grupo parlamentario del PP en la Asamblea de Madrid, entre otras razones porque sólo un loco podía pensar que el Partido Popular iba a encontrar «compañeros de viaje» para una medida tan impopular y, en consecuencia, tan electoralmente rentable para quienes se opusieran. La cuestión es otra: ¿Es legítima la ley que regula el tramo autonómico del impuesto de hidrocarburos y supone gravar con un céntimo el litro de combustible? La respuesta tiene necesariamente que ser afirmativa, con el corolario, además, de que las comunidades autónomas aprobaron en su día este sistema para financiar la sanidad pública. Otro asunto es que sea Madrid la única que lo va a aplicar. Pero también es cierto que el «viaje hacia el centro» de todas las ideologías va reduciendo las diferencias, hasta hacerlas imperceptibles salvo en el viejo principio de «más sociedad y menos Estado» o al revés, o en la mayor o menor presión fiscal. Gallardón ha optado en Madrid por aplicar el «céntimo sanitario» para mejorar la Sanidad. Su partido tendrá que rendir cuentas de ello en las próximas elecciones autonómicas y los ciudadanos pasarán o no factura en la forma en que se hace en las democracias: con su voto.