Las autoridades del reino alauí pretenden revisar «todos los temas que perturban la relación con España» Cuando el último de los soldados españoles abandonó Perejil la noche del sábado, Marruecos cantó victoria como si hubiera reconquistado la isla a sangre y fuego. Una explosión de júbilo invadió el pueblo de Ben Younech, el más próximo al pedrusco y se contagió a las ciudades cercanas. «Leila magrebía (Perejil marroquí)», era el grito de guerra.
22 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Ayer la alegría continuaba. Se notaba en las casi cuatrocientas personas que se congregaron en las cercanías de Perejil a pesar de que se había desconvocado la manifestación que iba a llegar desde Rabat. Hoy se reúnen los ministros de Asuntos Exteriores. Los ministros de Asuntos Exteriores de ambos países se reunirán a la una de la tarde de hoy en Rabat para escenificar el acuerdo alcanzado el pasado sábado. Marruecos, tras reconocer la vuelta al statu quo anterior al 11 de julio, ha avisado que pretende tratar otros temas importantes para las relaciones entre los dos países, sobre todo los que las «han perturbado en los últimos tiempos». España ofrecerá a Marruecos compartir el uso de la roca y reforzar la colaboración entre los cuerpos de seguridad para combatir las mafias del narcotráfico que operan en la zona. Pero el reino alauí quiere aprovechar el encuentro para plantear formalmente sus reivindicaciones soberanistas no sólo sobre Perejil, sino también sobre Ceuta y Melilla, extremo que el Ejecutivo de Aznar rechaza rotundamente. Los rumores en Ceuta apuntaban ayer a que la paralización de la gran marcha que estaba prevista desde Rabat hasta las cercanías del islote, era uno de los puntos exigidos por España en la negociación para abandonar Perejil. Se preveía una afluencia masiva, y los medios de comunicación de todo el mundo iban a estar ahí. Una imagen que no le interesaba en absoluto al Gobierno de Aznar. Y eso explicaría además, la acelerada retirada de las tropas españolas. Sea como fuere, la marcha se terminó parando a la altura de Tánger, después de que los autobuses partieran de Rabat como estaba previsto. A pesar de todo, unas cuatrocientas personas llegaron hasta los alrededores del islote, presididos por una pancarta en la que se podía leer: «Fuera España», al lado de una cruz gamada. Los manifestantes pidieron a gritos la soberanía marroquí sobre Perejil, Ceuta, Melilla y el Sahara. Y se oyeron consignas en contra de Aznar, al que llamaron fascista y racista. «España sí, Aznar no» «España sí, Aznar no», decía en su precario español uno de los manifestantes. La marcha llegó hasta la aldea de Tsaura, el punto más cercano al islote, desde el que varios de los participantes se tiraron al agua para tratar de nadar los doscientos metros que separan la orilla de la isla y clavar banderas marroquíes en Perejil, cosa que consiguieron. En Tetuán, la capital de la provincia donde se encuentra Perejil, amaneció ayer engalanada. Banderas marroquíes por doquier y fotos del rey Mohamed VI, al que la prensa local le atribuye todo el mérito por la retirada de las tropas españolas. En las cafeterías del centro, donde la gente toma las pastas típicas, se esperaba la llegada de la manifestación, antes de que se supiera de su suspensión. Tetuán iba a ser uno de los puntos álgidos de la marcha. En la plaza Mohamed V, adornada con todo tipo de banderas salvo la española, varios marroquíes expresaban su alegría por la «liberación de la isla», a la vez que su deseo porque la cosa no llegue a mayores.