El azote de los «sin papeles»

La Voz

ESPAÑA

Enrique Fernández-Miranda, diputado del Partido Popular

19 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

En sus 26 meses al frente de la política de extranjería, el objetivo principal de Fernández -Miranda fue combatir a los sin papeles que llegaban a las costas españolas, mientras intentaba convencerles de que entrasen legalmente, a través de cupos, visados y «contratos debajo del brazo». Su inflexibilidad con los indocumentados y con la oposición le granjeó una fama generalizada de tipo difícil, con quien resultaba complicado llegar a un acuerdo. Por eso, entre otros motivos, fracasó el Pacto por la Inmigración que ofreció el PSOE. Pero también será recordada la gestión de este gijonés de 52 años por sus iniciativas pintorescas. Como su frustrado y criticado proyecto de repatriar a miles de ecuatorianos en un gigantesco puente aéreo para que arreglaran sus papeles. O el nombramiento del controvertido Mikel Azurmendi como presidente del Foro para la Integración de los Inmigrantes, el órgano que en teoría debía unirles a todos. Por eso, desde que Rajoy sustituyó a Mayor Oreja, en febrero del 2001, comenzó su calvario político. El vicepresidente del Gobierno desacreditó estas decisiones y le quitó protagonismo en la gestión de la inmigración. Lo que no se le puede achacar es haber desobedecido a Aznar. Cumplió sus encargos: la contrarreforma de la controvertida Ley de Extranjería, cuatro regularizaciones extraordinarias para reducir las bolsas de clandestinos y acuerdos con los principales países exportadores de clandestinos a España. Al presidente del Gobierno es a quien debe la fidelidad, porque de su mano trabajó duro haciendo oposición con el PP desde 1989, y luego accedió a la vicepresidencia del Congreso de los Diputados. Pero este cirujano y ex-vicerrector de la Complutense, que lleva bordado en sus camisas no sólo sus iniciales sino también el escudo heráldico de su familia, no ha logrado que el aprecio que Aznar siente por él se contagie a los otros poderosos del PP. Ministrable muchas veces, no ha logrado aprovechar su oportunidad.