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La superioridad de la selección española, a pesar de la ausencia del recordado Raúl, sobre una Corea del Sur con gran poderío físico pero claramente inferior no bastó para forzar la historia por una vez y alcanzar las semifinales de un Mundial de fútbol. La plaza se ganó sobre el terreno de juego, pero se perdió en el polémico arbitraje.
22 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La ruleta rusa de los penaltis sancionó duramente los sueños españoles y curiosamente, tuvo que ser Joaquín, el mejor hombre del partido y que sin duda había realizado una de las mejores actuaciones de su corta carrera deportiva, quien fallara el penalti que daría a la postre la victoria a los locales. Se llegaba a este encuentro con la vitola de selección invicta, se había roto con la historia al ganar el primer partido de un Mundial 50 años después, pero no se pudo acabar en cuartos de final con la mala suerte en la competición mundialista. 'Los guerreros de Taeguk', con los mismos que en octavos de final apearon del torneo a los tricampeones del Mundo, Italia, saltaron al terreno de juego con la tensión propia de jugar unos cuartos de final, pero pronto la maquinaria asiática empezó a funcionar merced a sus principales armas: la velocidad y la resistencia física, lo que les permitía ejercer una gran presión sobre el equipo nacional. España no conseguía mantener el balón en su poder, algo de lo que se congratulaba la más que nunca 'marea roja' que inundaba las gradas del estadio de Gwangju. Faltaba toque de balón en las filas españolas. Es más, carecían de la propia pelota. Corea del Sur dominaba gracias a la gran presión ejercida, tenían una mayor posesión del esférico, del 71 por ciento frente al 29 de los de Camacho en el primer cuarto de hora. Ni siquiera dos días menos de descanso mermaron el espíritu de lucha de los coorganizadores del Mundial, aunque afortunadamente los asiáticos llegaban sin peligro. De hecho, Casillas no tuvo que intervenir en ninguna jugada a lo largo de los primeros 45 minutos. España toma decisiones Tras el primer cuarto de hora, España empezó a tomar posiciones. Sin jugar bien todavía, empezaba a aproximarse a la portería rival y la mejor y primera ocasión del partido llegó en el minuto 27, en un testarazo de Morientes que el portero atajó no sin problemas. Poco después, un remate de cabeza de Hierro, tras un saque de esquina de De Pedro, se marchaba por encima del larguero. El partido había dado un giro de 180 grados. Los de Camacho tenían el balón y el juego. Llegaban las ocasiones, 'fevernova' rodaba con más sentido en las botas de los de Camacho. Un mayor control en el centro del campo facilitaba la anticipación de los defensas de España y permitía hilvanar las ocasiones arriba, lo que al mismo tiempo eso dificultaba la presión surcoreana. El técnico de Cieza parecía haber cambiado a los 11 jugadores de inicio. Los últimos minutos del primer periodo fueron de auténtico agobio para Corea del Sur. La superioridad técnica de los ibéricos le ganaba la partida al poderío físico del rival. Tan sólo le faltaba una cosa a España, el gol. Morientes y Joaquín lo rozaron en varias ocasiones. En una de ellas, el bético quiso marcar el gol del Mundial o al menos uno de los más destacados tomando el balón en el centro del campo. Bailó con la pelota al compás de unos regates que los surcoreanos no eran capaces de 'acallar' y el centrocampista español llegó al área para terminar estrellando su disparo en la zaga rival. En el otro lado del campo, Casillas afortunadamente tenía tiempo para aburrirse. España regresó de vestuarios con mucha intensidad, aunque con fases más intermitentes en su juego. En una de las fases en alza, Baraja metió el balón al fondo de las mallas, pero el gol no era válido porque de manera previa se había señalado una más que dudosa falta sobre la defensa surcoreana. 'San casillas', al quite El ataque asiático empezó a desviarse hacia la banda defendida por Romero, ya que en la otra se estaban encontrando con un inspiradísimo, como a lo largo de todo el Mundial, Puyol. Sin embargo, la primera ocasión no llegó hasta el minuto 67, en la que Iker Casillas tuvo su primera intervención, prodigiosa además. El joven portero del Real Madrid, al quite en el envite surcoreano, fue capaz de desviar a córner una gran volea de Ji-Sung Park. España quedó noqueada durante unos minutos ante el apretón de los de Hiddink, que ahora sí llegaban con peligro a la contra a pesar de que iban perdiendo potencia física, probablemente afectados por el desgaste realizado en el partido ante los de Trapattoni. Arriba se echaba de menos a un acompañante para Morientes. Que surgiera el recuerdo de Raúl era inevitable. Llegaba la recta final del partido y los surcoreanos no eran los únicos que estaban cansados. Las fuerzas empezaban a mermar en ambos contendientes, que veían la sombra de la prórroga aproximarse, aunque antes la afición española sufrió un susto en el que de nuevo SuperCasillas tuvo que calmar la situación. Tan sólo dos intervenciones del joven cancerbero, pero ambas providenciales, ya que era el tiempo de descuento cuando Chun Soo Lee volvió a parar un disparo desde la frontal que botó antes de llegar a la portería. El arbitraje decide Llegó la prórroga. El gol de oro daba miedo porque un partido que se había merecido ganar podía irse en una jugada de acierto de los pupilos del entrenador holandés, la que no habían tenido durante todo el encuentro. En el inicio del tiempo adicional, el asistente abortó una clara ocasión de España al señalar que había superado la línea de fondo un balón que llevaba Joaquín y que pasó a un Morientes que desmarcado remató a placer para colar dentro de la portería un balón ya sin mordiente por el sonido del pitido del árbitro. Daba miedo. La selección española se balanceaba en la cuerda floja, a un metro de llegar a la plataforma segura del triunfo y la semifinal ante Alemania, pero el Dios del fútbol quería que se sufriera todavía más -aún reservaba la sorpresa final de los penaltis- y en una de sus lúdicas acciones provocó que un remate del 'Moro', originado en un envío de Joaquín, golpeara en el palo derecho de la portería de Lee. El arbitraje, a nivel de asistentes, adquiría toques caseros y los fueras de juego inexistentes creaban una sensación de impotencia en las filas ibéricas. El gol parecía un sueño inalcanzable y de hecho sólo llegaron en la tanda de penaltis. Casillas estuvo a punto de detener el primero, algo que podía haber sido determinante. Falló Joaquín. De la desolación en las filas españolas se pasó pronto a la indignación y algunos jugadores fueron a buscar a los árbitros para pedirles unas cuentas que ya de poco valían.