Aznar aguanta el tipo y la sonrisa

La Voz

ESPAÑA

El presidente del Gobierno se contenta con alcanzar sólo algunos de los objetivos fijados para Barcelona

17 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Y, pese a las dificultades y a la amenaza de Francia de aguar la fiesta, el inquilino de Moncloa ha aguantado el tipo. Aznar ha llegado a Barcelona con las ideas frescas y con ganas de hacer escuela para poner a los Quince a andar por la vereda de la liberalización y la integración de los mercados. Y el acuerdo que permitirá que cualquier empresa o profesional de la UE pueda elegir en el 2004, y en condiciones de competencia, su propio proveedor energético va en esa línea. La fecha no es la soñada inicialmente por la presidencia española, es cierto. Pero menos es nada. El primer ministro británico, Tony Blair, indiscutible aliado de Aznar en esta cruzada, lo reconocía: «No ha sido todo lo que se esperaba, pero el acuerdo contribuirá a crear empleo y beneficios para las empresas». El mensaje Y eso es, al fin y al cabo, lo que se pretendía. Decir diáfanamente a los mercados que las reformas son imparables, y lanzar este mensaje justo cuando la economía europea parece iniciar una tímida recuperación. « Monsieur Aznar», como lo llamó Chirac cuando lo felicitó por sus trabajos, también ha ido perdiendo esa imagen rígida y sosa con la que era visto en Europa, quizás porque ahora la moda es buscar con lupa las antipatías en otro socio comunitario: Silvio Berlusconi. El presidente de turno de la Unión aguantó con resignación que sus colegas le dijesen «no» a la creación del Banco Euromediterráneo que había propuesto, rebajó sus expectativas sobre la apertura de las redes de transportes para no enfrentarse a otro fracaso y tuvo que roerse el hueso de que Javier Solana, uno del PSOE, se presentara en Barcelona ¿no pudo hacerlo en la televisión pública¿ con un acuerdo esperanzador para los Balcanes llevándose parte del protagonismo. Pero aun así, el presidente español aguantó la sonrisa, y quizás más que nunca. José María Aznar ejerció de verdadero anfitrión en todo momento, se le pudo ver muy distendido con el canciller alemán, Gehard Schröder, y tener una broma a mano para cada momento de dificultad. El jefe de Moncloa ha capeado el temporal, pero por ahora. Barcelona es solo una etapa de la presidencia. Falta la cumbre de Sevilla, la meta y el momento de hacer el balance completo.