Francisca González Navarro, la madre de los niños de 4 y 6 años que fueron encontrados estrangulados el pasado sábado en Santomera (Murcia), confesó durante la madrugada de ayer ser la autora de los crímenes.
21 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Una ingestión mezcla de alcohol y cocaína presuntamente la habrían llevado a un traumático trastorno que, según fuentes de la Delegación del Gobierno, le habrían hecho acabar con la vida de sus hijos, para lo que utilizó el cable del cargador de un teléfono móvil. Anoche, el titular del Juzgado de Instrucción número 5 de Murcia decretó el ingreso en prisión sin fianza de la presunta parricida y estableció el secreto sumarial. La confesión de la madre tuvo lugar tras ser detenida, por miembros de la Guardia Civil, a primeras horas de la noche del domingo al lunes, minutos después del entierro de los pequeños. Las continuas contradicciones en las que incurrió Paquita -como se la conocía en el pueblo- llevaron a la Guardia Civil a sospechar de la mujer. Sin embargo, los agentes prefirieron esperar a que terminara el funeral para proceder a su detención. La mujer había declarado, en su primera comparecencia ante los investigadores, que había sido atacada por un hombre que llevaba guantes, por lo que no había huellas digitales en la casa. Los guardias civiles, sin embargo, no localizaron restos de guantes en el inmueble. Los agentes sí se fijaron entonces en que Francisca presentaba arañazos en la cara, rasguños que, al parecer, se los provocó uno de los pequeños al defenderse de la agresión. Otro de los datos contradictorios en la declaración de Francisca González era que los intrusos entraron a robar en la vivienda -un extremo que pronto fue descartado- y que a ella la habían inmovilizado utilizando un aerosol. Ese spray resultó ser de su propiedad. Estupefacientes Según las mismas fuentes, al reconocer la presunta autoría del crimen, Francisca González declaró que había ingerido una importante cantidad de «alcohol y estupefacientes», en la noche del viernes al sábado. Ademas, las autopsias de los niños revelan que las muertes tuvieron lugar sobre las 2 horas del sábado, mientras que la mujer denunció los hechos al filo de las 7. Tras declarar en los juzgados de Murcia, fue trasladada la prisión de Sangonera, donde quedó ingresada en la enfermería, para controlar su estado psíquico y evitar que pudiera ser atacada por otras internas.