Ceuta y Melilla, entre Laden y Bush

A.G. / T.P. CEUTA/MELILLA

ESPAÑA

LAUREANO VALLADOLID

Las dos ciudades ignoran el conflicto con Rabat, más preocupadas por sus economías y la difícil convivencia intercultural La crisis abierta en las relaciones bilaterales entre Marruecos y España no suscitan especial interés en Ceuta y Melilla, que siguen con mayor preocupación los acontecimientos de Afganistán y las reacciones del mundo árabe ante la campaña internacional contra el terrorismo. Los habitantes de las dos ciudades, sean cristianos, musulmanes o judíos, están más que acostumbrados a estas rabietas de los gobernantes alauíes. Lejos ya cualquier duda sobre el apoyo de Madrid a estas dos plazas, hoy las preocupaciones se centran más en la precaria economía de las ciudades y en la deteriorada convivencia intercultural.

04 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Los atentados del 11-S, la respuesta estadounidense al terrorismo, la campaña de Afganistán y las reacciones de los países musulmanes, vuelven a poner de manifiesto las diferencias interculturales en unas ciudades que cuenta con una población musulmana que supera el 35%. Aunque el ministro de Exteriores marroquí, Benaissa, citó las medidas de mayor control fronterizo por parte del Gobierno español en Ceuta y Melilla como una de las causas de la crisis con España, son pocos los que se lo creen, ya que las autoridades del vecino reino conocían desde hace muchos meses el refuerzo de la vigilancia en las fronteras para controlar el paso de las personas procedentes de Marruecos. Posturas encontradas El verdadero problema de las dos ciudades es el de las diferencias interculturales, como lo demuestra que aunque pocos se atreven a pronunciarse, es publico que un cierto número de musulmanes ceutíes y melillenses han mostrado su apoyo a los atentados contra EE UU, aunque la gran mayoría prefiere alinearse con las tesis que mantienen muchos países musulmanes que acusan a Israel de estar detrás de los atentados. Aunque cristianos y musulmanes evitan entrar en debate para evitar conflictos, esta abismal diferencia de criterio no hace sino fomentar la desconfianza entre ambos colectivos, afectando negativamente a una convivencia muy deteriorada a consecuencia de las provocaciones de algunos grupúsculos islamistas y la creciente presión de grupos marginales afectos a mafias de la droga.