JAVIER ARMESTO EL QUID
03 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Aprovechando la agonía del Régimen franquista, Hassan II impulsó en 1975 una invasión pacífica del Sahara español. El Gobierno de Madrid no pudo con la presión popular y acabó cediendo a Marruecos la administración del territorio. Cinco lustros después, Mohamed VI ha querido repetir la marcha que tan buenos resultados dio a su progenitor, convirtiendo su visita en un baño de multitudes. Pero esta vez no ha sido el verde el color protagonista del periplo, sino el amarillo. El joven monarca ha rodeado su viaje de una aureola sensacionalista y populachera, como si pretendiera demostrar a España y al resto del mundo quién manda en el desierto. Más que el rey de Marruecos parecía Lawrence de Arabia. Si tanto apoyo tiene en el Sahara, ¿por qué teme la celebración de un referéndum? «La sabiduría no se traspasa, se aprende», dice un proverbio árabe. Si Mohamed la ha heredado de su padre, está por ver.