CRISTÓBAL RAMÍREZ ANÁLISIS
31 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.l interminable contencioso del Sahara pesa en estos momentos más que nunca en las relaciones entre Madrid y Rabat. Tras haber conseguido el control de la parte útil del territorio, Marruecos pretende ahora que España (que internacionalmente sigue siendo la potencia colonizadora) se retracte de su política diseñada en el franquismo y continuada por todos los gobiernos democráticos, y olvide así el referéndum de autodeterminación. La alternativa es la anexión del Sahara, que gozará de autonomía. Una descolonización inconclusa. En virtud de los Acuerdos de Madrid de 14 de noviembre de 1975, España cedió la administración del Sahara a Marruecos y Mauritania. Este último país no pudo soportar el esfuerzo de guerra contra los independentistas del Frente Polisario y le cedió su parte de territorio que, sin embargo, fue ocupado inmediatamente por las Fuerzas Reales Marroquíes. La ONU siempre entendió que se trata de un caso de descolonización inconclusa y, por consiguiente, defiende que los saharauis sean consultados en referéndum sobre su independencia. Censo electoral. La base para celebrar el referéndum es el censo español de 1974. Cuando los trabajos de actualización de ese censo estuvieron muy avanzados, Marruecos comprobó que la mayoría de los inscritos se encontraban en el exilio y, además, la contestación interna lograba ser reprimida pero seguía activa. En otras palabras, todo apunta a que la consulta la iba a ganar la opción independentista, por lo que Rabat la bloqueó hasta que la ONU reconozca el derecho a voto de 150.000 marroquíes, lo cual inclinaría la balanza a su favor. Autonomía. El Gobierno de Marruecos, con el respaldo del aliado francés, propone conceder a los saharauis la integración en el reino alauí con una autonomía muy limitada, que, según ha afirmado James Baker, representante personal en la zona del secretario general de la ONU, se consolidaría tras un período de transición de algo más de cinco años. Rabat pretende que Madrid siga el camino de París, algo que sin duda implicaría un costo político muy elevado para el Gobierno de José María Aznar, ya que los independentistas cuentan con una muy extendida red de apoyo por toda España, tanto a nivel popular como institucional. El Frente Polisario. Comenzó la guerra contra Marruecos a finales de 1975 y la detuvo con el alto el fuego de 6 de septiembre de 1991. Nunca empleó métodos terroristas. A pesar de ello, Rabat ha desarrollado discretas gestiones diplomáticas con el fin de incluirlo en la futura lista de organizaciones terroristas europeas, una iniciativa que en principio parece destinada al fracaso. La presión sobre Ceuta y Melilla. Las dos plazas españolas siempre sirvieron de válvula de escape cuando las relaciones entre Rabat y Madrid pasaban por momentos tensos o bien cuando en el reino alauí se disparaban las tensiones internas. Así, Ceuta y Melilla se convertían en elemento aglutinador y, a su vez, eliminador del descontento de una población empobrecida. No hay que descartar que, según están las cosas, suba la presión verbal sobre ambas ciudades.