A pesar de que los servicios sanitarios decretaron ayer la alarma, después de que se confirmase a primera hora de la mañana que un teniente adscrito al Estado Mayor de la Guardia Civil sufría la temida enfermedad contagiosa, pocos de los trabajadores del edificio estaban al tanto del posible brote de legionela. Es más, muchos de los conocidos del oficial enfermo desconocían ayer por la mañana la gravedad del estado de salud de este y, por tanto, el peligro al que podrían estar expuestos. En cualquier caso, la preocupación era creciente ayer entre los funcionarios adscritos a la Dirección General. A última hora de la mañana se enteraron de que las revisiones de los sistemas de ventilación no eran, pese al secretismo con el que se efectuaron en un intento de no crear alarma, un trámite rutinario.