A pesar de estas muertes, no es habitual que las bombas de ETA fallen o estallen antes de tiempo. Sin embargo, desde la ruptura de la tregua la inexperiencia de los terroristas han salvado la vida de varios objetivos de la banda terrorista. El pasado 7 de julio de 2000, la hija del empresario de Ordizia (Guipúzcoa) Juan Bautista Beloki salvó de milagro la vida, al desprenderse el artefacto que un etarra había colocado en los bajos del vehículo de su padre. Dos semanas más tarde, un fallo en el detonador de su bomba lapa permitió seguir vivos al secretario de los socialistas malagueños, José Asenjo, a su mujer y a su hija. Horas después de intentar asesinar al socialista, un nuevo error, junto a la pericia de la policía frustraba una trampa mortal dirigida a sus agentes.