«Esta casa se cae»

J.L.A. / M.S. Colpisa MADRID

ESPAÑA

DESMOND BOYLAN / REUTERS / J.L. PINO

Un edificio en obras se desploma sobre los transeúntes en el centro de Madrid causando un muerto y doce heridos Todo ocurrió sobre las 14 horas. Una gran polvareda acompañada de un estruendo ensordecedor sobrecogió a los ciudadanos que transitaban por el cruce de las calles Alberto Aguilera y Princesa, en pleno centro de Madrid. Como en un terremoto, los cascotes de un edificio cubrían las aceras y buena parte del asfalto, mientras que en las cuatro plantas quedaban al descubierto enseres y estancias, algunas con las luces aún encendidas. Una persona resultó muerta y diez heridas, dos de ellas de gravedad. Momentos antes, dos obreros habían salido del inmueble y uno comentó a su compañero: «Está muy mal, esta casa se cae».

07 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Varios estudiantes que pasaban por el lugar fueron los primeros en auxiliar a los heridos que habían sido alcanzados por los escombros. «Estaban hechos polvo», relató Antonio, que recuerda que «había dos personas a las que les habían pillado los muros contra la valla metálica de la acera». Bomberos y agentes de la policía y la Guardia Civil desplazados al lugar comenzaron a remover a mano los cascotes de una casa que había sido construida en madera y ladrillo. Perros adiestrados colaboraron en la búsqueda de las víctimas, y el SAMUR atendió en un hospital de campaña a los once heridos. Sobre las 15 horas, el perro Urdín de la policía municipal señaló un punto donde podría estar sepultada una persona. A riesgo de que la primera planta del edificio cayera sobre ellos, los bomberos comenzaron a desescombrar, piedra a piedra, la zona. Sin embargo, pese a que los médicos acudieron con todo su equipo al lugar, sólo pudieron certificar la muerte de un hombre de unos 40 años, que podría ser un mendigo que pide habitualmente limosna en el paso de peatones. La tensión fue en aumento cuando, minutos después, una joven llegó al lugar con un teléfono móvil en la mano gritando que su novio estaba vivo atrapado entre los escombros. Semáforo salvador La luz verde de un semáforo salvó la vida de muchas personas que esperaban para cruzar a la acera del edificio. «La gente lloraba, algunos nos caímos y todos trataban de refugiarse», señaló Juan Nogueiras, que estaba a veinte metros del inmueble. Hubo quien creyó que se trataba de un atentado. Un hombre, con un bonobús agarrado en su mano, rezaba a la puerta de los grandes almacenes situados enfrente.