ETA responde al pacto por la paz con el asesinato de un fontanero

La Policía cree que a Francisco Cano lo mató el mismo comando que asesinó a Lluch El único concejal del Partido Popular en el ayuntamiento barcelonés de Viladecavalls, Francisco Cano Consuegra, murió ayer en Terrassa tras tres horas de agonía, después de que una bomba de ETA colocada bajo el asiento de su furgoneta le destrozara la espalda, la cabeza y las piernas.


BARCELONA

Como cada mañana, Cano Consuegra, de 45 años y concejal desde hace cinco, salió casi de noche de su domicilio en Viladecavalls con destino a la cercana localidad de Terrassa, donde regentaba un taller de fontanería. Allí dejó su vehículo particular y cogió el de la empresa, una furgoneta Citroën C-15, ignorante de que de madrugada un comando de terroristas había forzado la puerta del copiloto para colocar una bomba.Sin embargo, el artefacto no estalló cuando a las 8 de la mañana Cano puso en marcha el vehículo para dirigirse a varios comercios de Terrassa, donde tenía que hacer algunas compras. Durante casi tres horas, el concejal realizó los recados, paró a desayunar en su bar habitual e incluso llegó a transportar a un amigo, un policía local, que se apeó de la furgoneta en una de las paradas que el vehículo realizó en su ruta por la localidad.Eran las 10.45 horas cuando la furgoneta gris de Francisco Cano embocó el cruce de la ronda de Ponent y la calle Milans del Bosch. Allí, al bajar una cuesta, el detonador de la bomba se accionó. La explosión retumbó en todo el barrio de Can Boada, de Terrassa. El estallido rompió por la mitad el vehículo, que quedó convertido en una masa informe de hierros retorcidos y calcinados. Sólo quedó reconocible la parte delantera. La onda expansiva del artefacto esparció los restos del vehículo en un radio de treinta metros.Las asistencias médicas acudieron de inmediato al lugar de los hechos, donde el concejal ya agonizaba con las piernas casi amputadas, la columna vertebral destrozada y un severo shock cerebral.Tres horas de agoníaTrasladado a la mutua de Terrassa, los médicos lograron resucitarle tras una parada cardiorespiratoria de unos veinte minutos, que provocó que, en un primer momento, fuentes oficiales le dieran por muerto. Hacia las 13.15 horas, el parte médico informaba de que el concejal se debatía entre la vida y la muerte. Sólo media hora más tarde, Francisco Cano se convertía en la última víctima mortal de ETA.

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