Frío en el cuerpo, hielo en el alma

JOSE Mª FRANCISCO. Colpisa VALLADOLID

ESPAÑA

MARTA CACHO

Dos mil personas desafiaron a un gélido día en La Cistérniga (Valladolid) para despedir al policía asesinado Más de dos mil personas desafiaron ayer al intenso frío reinante en el pueblo de La Cistérniga, situado a seis kilómetros de Valladolid, para despedir los restos mortales del policía nacional Francisco Javier Sanz Morales, asesinado de un tiro en la nuca el pasado viernes por dos pistoleros del GRAPO. Durante el multitudinario funeral, al que asistieron el ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, y varios altos cargos de la Administración castellano-leonesa, se ofrecieron muestras de cariño al fallecido y a su familia.

18 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

La iglesia parroquial de San Ildefonso y la plaza mayor del pueblo se quedaron pequeñas ante la abrumadora solidaridad de los vecinos, que vieron crecer al fallecido hasta que viajó a Madrid por motivos de trabajo y al que conocían por uno de sus nombres de pila, Javi. Igual de multitudinaria fue la asistencia durante toda la madrugada de ayer a la capilla ardiente con sus restos mortales, instalada en Valladolid, en la delegación del Gobierno en Castilla y León. Por allí desfilaron cientos de personas que dieron su pésame a la viuda y a la madre del policía. Ya en el funeral, el arzobispo de Valladolid, José Delicado Baeza, afirmó que «la muerte de Francisco Javier _al que le fueron impuestas de manera póstuma las medallas de la Policía y del Ayuntamiento de Madrid_ ha demostrado hasta qué punto los hombres somos poco hermanos unos con otros». Pero el mensaje más contundente de su homilía fue para los promotores de estos asesinatos. «Los instigadores o autores intelectuales de estas acciones terroristas son frecuentemente, aunque se encuentren en la sombra, tan culpables como los propios autores materiales del crimen». Los aplausos acompañaron al cadáver hasta el cementerio.