«Yo también estoy amenazado»

VICTORIA TORO Enviado especial ZUMAIA.

ESPAÑA

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Los vecinos de Zumaia, entre la desesperación y el miedo en el funeral de José María Korpa, «un paisano del que todos eran amigos» Siete de la tarde en Zumaia. Va a comenzar el funeral por José Marí Korta. «Sí, sí era amigo de José Mari. Claro que era amigo de José Mari». Era verano ayer en Zumaia, como era verano en Bilbao y en Markina, y en Bergara y en San Sebastián. Era verano ayer en el País Vasco y caía un sol de justicia sobre los amigos que habían ido a despedir a los amigos. «Sí, era amigo de José Mari», respondía un hombre que, junto a su esposa, entraba a la Iglesia. «¿Qué como estoy? Estoy desesperado». «Estamos desesperados», puntualiza su mujer. Es la crónica de una jornada en la localidad que vio morir a un hombre muy querido.

09 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

«No sé, no quiero decir nada más», dice el hombre. Pero cuando la periodista le pregunta cómo está, la cosa cambia. Entonces sí habla, y habla su mujer que está a su lado, con atuendos veraniegos los dos, serios tras sus gafas de sol. Y entonces hablan los dos. «El problema aquí es que no se habla claro, nadie habla claro», dice el amigo de José Mari, que es de San Sebastián. «Todos mis apellidos, ¿sí soy de caserío? Si seré vasco yo, como el que más, pero aquí lo que pasa es que hay mucho miedo». Tanto que comienza por aclarar que él está hablando en este momento porque no le va a dar su nombre a la periodista y baja un poco la voz y la mirada antes de decir: «Es que yo también estoy amenazado y después de esto...». Esto es el asesinato por ETA de José Mari Korta, un empresario muy próximo al PNV, partidario del diálogo y sin escolta. Sin protección Hay miedo y hay desesperación. Hablan los dos y cuentan su historia. «Es un drama, estamos amenazados y si queremos algo de protección nos la tenemos que pagar nosotros». Cuenta que es un pequeño empresario y que tiene sesenta años. «¿Dónde voy a ir yo ahora? Ya no puedo empezar de nuevo. ¿Qué vamos a hacer?». Mira a la periodista como buscando una respuesta pero es su mujer la que habla: «Estamos recibiendo cartas todos, todos». En un pueblo cercano, Bergara, están también de luto, pero de otra manera. «Aquí oír, ver, y callar. Eso es lo que hay que hacer», es la receta del policía municipal que guardaba ayer la puerta del ayuntamiento. Bergara es el pueblo de Antxón Sasiain, uno de los cuatro etarras que, en un principio se dijo que viajaba en el que coche que explotó el lunes por la noche en Bilbao. Allí, todas las pancartas dicen lo mismo: «Cuatro patriotas vascos han muerto en Bilbao. El pueblo no olvida». Un poco más allá, el pueblo de Markina. Allí nació Patxi Rementería, otro de los cuatro etarras fallecidos. Ayer no había mucha gente por la calle. Había ikurriñas con crespones negros. También había concentraciones. Unas 60 personas recorrieron la localidad dando vivas a ETA y recordando a su paisano muerto en Bilbao.