Desde que el PP llegó al poder sólo ha permitido en dos ocasiones la entrada de periodistas en la sede del Cesid Al salir de Madrid por la carretera de A Coruña, el asfalto serpentea errático hasta la Cuesta de las Perdices. En ese punto de la carretera, una discreta señal anuncia una vía de servicio. En realidad, se trata del camino directo al nido de los espías españoles, un enorme complejo donde se clasifican y amontonan en carpetines los secretos del Estado. La sede central del mítico Cesid es uno de los escasos organismos oficiales que no está señalizado. Su mundo de intrigas, aventuras y traiciones permanece oculto, o al menos lo intenta, a los ojos cansados de los más de 50.000 conductores que pasan todos los días a pocos metros de su perímetro.
10 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Una quincena de periodistas tuvieron el privilegio, hace escasos días, de desayunar en la sede central del Cesid con el «número uno» del espionaje, Javier Calderón. Una rara ocasión en la que «La Casa» ha abierto sus puertas a la prensa. Es difícil entrar en ese mundo si no te invitan. Y es difícil que te inviten. Desde que el PP llegó al poder, el Cesid sólo ha permitido dos veces la entrada de periodistas. Antes de llegar a pulsar el interfono, una voz cortés da los buenos días y pregunta. Sólo cuando está claro que se trata de una visita autorizada, el portón automático se abre, pero la primera vista del interior es decepcionante: otro portón idéntico. Entre ambas puertas hay el espacio justo para encerrar el coche y comprobar la identidad del conductor. Salen varios hombres. Todos van armados, pero ninguno va vestido de guardia civil o policía. Costó 2.500 millones Por fin, tras varios minutos, el portón se abre. Sólo entonces se descubre otro de los secretos de la invisibilidad del complejo, inaugurado en 1988 tras 12 meses de construcción y 2.500 millones de pesetas en cemento y hormigón. La entrada y la verja están en lo alto de una pequeña colina en cuya falda se levantan los cuatro edificios del centro. Destaca sobre todos el edificio principal, conocido como «Estrella». Su forma de Y es muy útil: tres alas independientes de despachos que evitan coincidir hasta en los pasillos. En una de ellas tiene su despacho Javier Calderón. Existen otros tres edificios secundarios: «Pilar», dedicado también a oficinas; «Carmen», donde se encuentra la escuela del Cesid, un gimnasio y un apartamento para uso exclusivo del director; y «Singular», con el salón de actos y la cafetería. Muchos agentes atribuyen estos nombres a la forma de los edificios: varias ramas (Estrella), un bloque (Pilar), un cilindro y un paralelepípedo (Singular)... Pero sólo es cierto en el último caso. Estrella, Pilar y Carmen, son los nombres de las tres hijas del arquitecto. Un secreto inocente en un mundo oscuro.