Miles de personas se agolparon ante los pabellones deportivos donde se celebraron los funerales «¡No os llevéis a mi hijo. No os lo llevéis!», imploraba entre lágrimas y sollozos una madre a los empleados de la funeraria en Ripollet. Esta población y Viladecans se volcaron ayer en el último adiós a las 28 víctimas del accidentee de tráfico de Soria. Cerca de 8.000 personas se congregaron frente a los escenarios de los funerales, celebrados en sendos polideportivos y que, por expreso deseo de los familiares, fueron de acceso restringido. La multitud siguió los oficios religiosos a través de megafonía.
08 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Las escenas de dolor fueron todavía más impresionantes si cabe a la salida de los actos religiosos, cuando las largas filas de féretros abandonaban el Pabellón Municipal de Deportes de Ripollet y el polideportivo del Colegio Modolell de Viladecans camino de los cementerios. Hubo desmayos, favorecidos por el intenso calor, y momentos de gran nerviosismo. Cinco familias optaron por no participar en los funerales multitudinarios y prefirieron despedirse de sus seres queridos en la más estricta intimidad. Las otras 22 estuvieron en las ceremonias comunes de Ripollet (doce víctimas) y Viladecans (diez), pero quisieron que a las honras fúnebres sólo asistieran los familiares, profesores y compañeros de los fallecidos. Condolencias del Papa Los dos actos religiosos, celebrados con dos horas de diferencia, fueron oficiados por el arzobispo de Barcelona, Ricard María Carles, y se leyó un mensaje de condolencia y solidaridad del Papa Juan Pablo II. Asistieron Jordi Pujol, los ministros Josep Piquén y Anna Birulés, Joan Clos _alcalde de Barcelona_, las corporaciones municipales locales en pleno y representantes de todos los grupos parlamentarios. En Viladecans, los féretros de los escolares que cubrían la pista de deportes donde tantas veces jugaron fueron cubiertos con las camisetas de los equipos de baloncesto y fútbol del colegio a los que pertenecían. En Ripollet, sus compañeros firmaron también en camisetas de la escuela que cubrían los ataúdes. Tras los funerales, los fallecidos fueron enterrados en distintos cementerios, la mayor parte en el barcelonés de Collserola, pero también en Ripollet, Viladecans y Terrassa.