El antiguo campo de fútbol del Numancia tuvo que ser habilitado como capilla ardiente ante la dimensiones del suceso El paisaje en la N-122 a la salida de Soria era dantesco. Prueba de ello fue que los informadores de radio que llegaron al lugar no pudieron concluir sus primeras crónicas de alcance ante el espectáculo de la sangre y restos humanos resbalando entre los amasijos de hierros. A esto, se sumaban las quejas y lamentos de los heridos atrapados entre los restos del autobús. Un testigo presencial sólo encontró una palabra para definir el estado en que quedaron ambos vehículos: «Horrible». Efectivos de la Guardia Civil, bomberos, urgencias médicas, Cruz Roja y Protección Civil de Soria tomaron la zona, si bien el terraplén donde cayeron los dos vehículos siniestrados y el estado en que quedaron dificultaron las tareas de rescate.
06 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Los rostros de las personas que subían desde el terraplén lo decían todo; un hombre de mediana edad aseguraba, con la cara desencajada, que el espectáculo era verdaderamente dantesco: «Les recomiendo que no bajen a ver eso, es algo terrible. Son todo chavales de unos catorce años; me he venido porque no lo podía soportar más, en el arcén habían puesto ya diez cuerpos». Cuando bomberos, guardias civiles y ciudadanos voluntarios comenzaron a subir cuerpos hasta el arcén de la carretera, la mayoría ya eran cadáveres. El juez de guardia autorizó el inmediato traslado de los cadáveres hasta los tanatorios sorianos, para facilitar las labores de identificación. Pero los dos principales centros hospitalarios de Soria no podían dar abasto ante tamaña tragedia, por lo que las autoridades municipales habilitaron de manera excepcional las dependencias del viejo campo de fútbol del Numancia, Los Pajaritos, donde quedó instalada la capilla ardiente. Todas las empresas funerarias sorianas, públicas y privadas, colaboraron en el traslado de los cadáveres y aportaron los ataúdes necesarios. Traslado de heridos Las ambulancias centraron sus esfuerzos en el rápido traslado de los heridos a los centros hospitalarios más cercanos. Diecinueve heridos fueron trasladados al hospital del Insalud de Soria, de los cuales cinco fallecieron mientras eran reconocidos por los servicios de urgencia debido a la gravedad de su estado. Otros tres de ellos fueron trasladados después hasta el Hospital Miguel Servet de Zaragoza. En todos los casos, el pronóstico fue de muy grave, al presentar los lesionados un preocupante cuadro de politraumatismos. Los dos centros vivieron una inmediata afluencia de ciudadanos anónimos dispuestos a donar sangre, pese a que los bancos de ambos hospitales no presentaban carencias en este sentido. La solidaridad de los vecinos de la zona fue enorme.