Pedrosa Urkiza había renunciado a la protección policial, pese a que era blanco de continuas amenazas José María Pedrosa Urkiza había renunciado a la protección que le brindaba la Ertzaintza porque en su pueblo se sentía seguro, a pesar de las constantes amenazas de las que eran objeto él y los otros tres concejales de Durango. Pero en unas declaraciones años atrás a la radio, el edil asesinado no ocultó la intranquilidad que le producía su condición de cargo público en el País Vasco desde las filas de un partido que era objetivo prioritario de ETA: «Miedo no tengo, pero a veces me pongo a pensar en ello».
04 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Durango apareció el pasado octubre plagada de carteles en que se hacía responsables de la dispersión de los presos a Jesús María Pedrosa y los otros tres concejales del PP de Durango, Juan José Gastañazatorre, Eduardo Barrutia y Juan Agustín Villafranca. En ellos se les amenaza con que «si queréis la guerra, la vais a tener».
El 15 de diciembre de 1997, Pedrosa relató a Carlos Herrera en RNE en que consiste la rutina de estar señalado como objetivo terrorista.
«Por teléfono me han dicho cantidad de tonterías», dijo quitando hierro al tema. Y recordó como un 24 de diciembre recibió la «famosa botella», es decir, una botella de plástico con una pegatina con el lema «Que poca vergüenza, usted va a cenar tranquilamente y, sin embargo, los presos de ETA están en la cárcel».
Con o sin guardaespaldas
Pedrosa narró a RNE como, junto a las amenazas, también recibía constantes muestras de apoyo, «la verdad sea dicha».
Por eso, anunció que, «con guardaespaldas o sin guardaespaldas», ninguna presión iba a impedir su trabajo en el Ayuntamiento y ningún miedo iba a hacerle dejar su pueblo. «No sé si yo voy a ir al cielo o al infierno... procuraré ir al cielo, lo que sí sé es que voy a ir desde Durango». Ayer, un asesino de ETA hizo a Pedrosa Urkiza cumplir su promesa.