Un experimento con ratones concluye que la inflamación gastrointestinal y los cambios que esta acarrea son un factor directo del daño cognitivo que afecta al deterioro de la memoria. El estudio, publicado por la revista Nature, apoya sus conclusiones en el descubrimiento de que la pérdida de memoria comienza con el envejecimiento gastrointestinal y las alteraciones microbianas y metabólicas que siguen. En respuesta a los cambios, las células mieloides del intestino provocan una reacción inflamatoria que entorpece la conexión entre el intestino y el cerebro a través del nervio vago.
El experimento consistió en juntar ratones jóvenes (de 2 meses) con viejos (18 meses), de modo que los jóvenes quedaron expuestos a la microbiota intestinal de los viejos. Un mes después, los científicos examinaron la composición del microbioma (la información genética de la microbiota) de ambos grupos y descubrieron que al compartir espacio los microbiomas de los jóvenes se parecían más a los de los viejos.
Cuando se comparó la capacidad de los ratones para reconocer un objeto nuevo o encontrar la salida de un laberinto, los jóvenes (con microbiomas viejos) obtuvieron malos resultados. Sin embargo, al restablecerse mediante antibióticos su microbioma original se revirtió el efecto, por lo que los ratones pudieron recuperar sus niveles juveniles de función cognitiva.