Los eclipses en la historia: del terror a la fascinación

Moncho Núñez Centella

ESCUELA

La fabulación más común para explicar los eclipses en las culturas antiguas era que el Sol era comido por un animal. El león verde devorando el sol es una ilustración popular.
La fabulación más común para explicar los eclipses en las culturas antiguas era que el Sol era comido por un animal. El león verde devorando el sol es una ilustración popular.

Astrólogos y astrónomos de culturas antiguas ya sabían que los eclipses podían repetirse, pero ese fenómeno siguió infundiendo temor hasta que la ciencia desveló su secreto y permitió su disfrute

28 ene 2026 . Actualizado a las 10:12 h.

Aunque los lectores tengan curiosidad por saber, y yo por contar, cuál fue el primer eclipse registrado de la historia, me temo que nos quedaremos con la incógnita. A pesar de que hoy podemos calcular con precisión cuándo y dónde ocurrieron los eclipses del pasado, sacar estas conclusiones implica un reto: desentrañar los testimonios antiguos que tenemos para hacer estos cálculos.

No es solo una cuestión de traducir lenguas antiguas y expresiones arcaicas, sino que además estos textos utilizan metáforas que, en muchos casos, pueden tener más de una interpretación. Nos hablan de que el Sol y la Luna no se unieron armoniosamente, que algún monstruo se comía el sol a bocados, que el sol fue avergonzado, que se hizo pequeño o que desaparecía del cielo. Tampoco es fácil determinar en esos relatos el lugar en que se encontraba el Sol entre las estrellas en aquel momento.

Además, los datos que incluyen fechas son muy difusos. En algunos casos, solo se mencionaba que el eclipse sucedía durante una u otra dinastía y, además, como en ocasiones los relatos se escribían siglos después de que hubieran ocurrido, se perdía toda la precisión posible.

Extraordinarios e imprevistos

Hasta bien entrada la Edad Media, todos los pueblos antiguos vivían los eclipses con miedo de que la desaparición del Sol fuera para siempre. Por eso inventaron ritos curiosos y ceremonias para pedirle que volviera: lanzaban flechas al cielo, hacían sonar tambores con fuerza e incluso ofrecían sacrificios humanos, una práctica común entre los aztecas.

Si dejamos a un lado el famoso relato chino de los astrólogos borrachos —puedes aprender más en las preguntas del final del texto—, el eclipse solar más antiguo que se haya registrado tuvo lugar, probablemente, el día 21 de enero de 1192 antes de Cristo (a. C.). ¿Por qué decimos probablemente? Porque, como ya sabéis, las interpretaciones de las fechas pueden diferir. Hay expertos que proponen el 3 de mayo de 1375 a. C. o bien el 5 de marzo de 1223 a. C. Los registros de este eclipse se encontraron en la costa de Siria, en la antigua ciudad de Ugarit (actual Ras Shamra). Allí apareció una tablilla de arcilla con un grabado cuya traducción más aceptada es: «En el día de la luna nueva, en el mes de Hiyar, el Sol fue avergonzado y se oscureció durante el día, con Marte a su lado».

Tableta babilónica de arcilla donde se registran posiciones de planetas, así como solsticios y eclipses (British Museum)
Tableta babilónica de arcilla donde se registran posiciones de planetas, así como solsticios y eclipses (British Museum)

Si buscamos la primera referencia a un eclipse en la cultura occidental, la encontramos en la Odisea. Aquí Homero (siglo VIII a. C.) escribió: «El Sol ha desaparecido del cielo, y una niebla maligna se cierne sobre todo». Algunos expertos han asociado esa frase a un eclipse visible en las islas jónicas (Grecia) el 11 de abril de 1178 a. C., justo diez años después de que terminara la famosa guerra de Troya.

Otro de los eclipses más famosos de la Antigüedad fue el del 28 de mayo del 585 a. C. y fue suficiente parar una guerra. El filósofo Tales de Mileto había sido capaz de predecir el eclipse. Gracias a ello, pudo advertir a sus compatriotas que debían tomar medidas en la batalla que estaban librando en el río Halis (Anatolia, Turquía). Al eclipsarse el Sol, ambos ejércitos pararon la pelea y pensaron que era mejor firmar un tratado de paz. Este episodio la conocemos por el historiador griego Herodoto, que nos lo contó un siglo después. Aunque hoy muchos científicos dudan de que Tales pudiera calcularlo con tanta exactitud, lo cierto es que ya por aquel entonces se conocía el ciclo de Saros. Este método permite predecir eclipses porque estima que, aproximadamente cada 18 años, la Tierra, el Sol y la Luna vuelven a estar en la misma posición. Posteriormente, en tiempo de Arquímedes (siglo III a. C.), se construyeron máquinas basadas en un conjunto de engranajes que permitían afinar las predicciones sobre los movimientos celestes.

Cada vez más científicos

Si viajamos hasta la Edad Media, podemos encontrarnos con el eclipse del 3 de junio de 1239, el mejor documentado de la época. La zona de sombra cubrió casi la totalidad de Portugal, el centro de España, el sur de Francia y el centro de Italia. Fue algo espectacular en nuestro país, de una duración estimada de casi seis minutos con el Sol alto en el horizonte, y una oscuridad total que permitió ver numerosas estrellas en el cielo del mediodía, para sorpresa de las personas que presenciaron el eclipse. En el libro de sus memorias, el rey Jaime I el Conquistador dejó escrito: «Entramos en Montpellier un jueves, y el viernes, entre el mediodía y la hora de nona [se refiere a las oraciones que se rezan sobre las tres de la tarde], hubo el mayor eclipse que jamás se haya visto; los hombres que todavía viven lo recuerdan, puesto que la Luna cubrió todo el Sol y se podían ver claramente siete estrellas en el cielo».

La revolución científica de los siglos XVI y XVII permitió entender mucho mejor el movimiento de los planetas y su explicación. Edmund Halley, famoso por el cometa que lleva su nombre, lo es también por haber realizado con antelación un preciso mapa de sombra del eclipse que oscureció la zona de Londres el 3 de mayo de 1715. Pero Halley no fue el primero en hacer un mapa de este estilo. El astrónomo francés Jean-Dominique Cassini ya había registrado la trayectoria de sombra del eclipse de 1699 y varios astrónomos y cartógrafos fueron capaces de dibujar con anterioridad mapas de sombra del eclipse de 1706.

Aunque la primera observación puramente científica se la tenemos que atribuir a Edmund Halley, fue el marino español Antonio de Ulloa el primero que se paró a dibujar el grandioso espectáculo que es la corona solar. Lo hizo mientras observaba el eclipse del 24 de junio de 1778 cuando navegaba de Tenerife a Cádiz. Sobre esa observación, realizada con todas las dificultades que suponía estar en alta mar, publicó un librito que fue impreso en Madrid al año siguiente donde aparecen sus dibujos reflejando lo que él llamó «ánulo o corona resplandeciente».

Primer dibujo de una corona solar publicado por Antonio de Ulloa en 1779
Primer dibujo de una corona solar publicado por Antonio de Ulloa en 1779 -

Era la primera vez que se usaba el término corona para referirse a ese halo luminoso. La palabra la acuñó el matemático y astrónomo español Joaquín Ferrer, uno de los pioneros en el turismo astronómico, que lo dejó así escrito en su informe sobre el eclipse del 16 de junio de 1806 cuando lo observó desde Kinderhook (Nueva York), tras viajar a Estados Unidos. Pero no es la primera vez que los eclipses y el mundo de la joyería van de la mano. En el siglo XIX aparecieron términos que definían este fenómeno y sus consecuencias: perlas de Baily, anillo de diamante, etcétera.

Laboratorios de ciencia

La segunda mitad del XIX vio aparecer en el mundo, sobre todo entre científicos que viajaban cargados de instrumentos, el bum del turismo astronómico. Que el Sol desapareciera de repente había pasado de ser un motivo de miedo a convertirse en un espectáculo. Miles de personas comenzaron a desplazarse para poder ver los eclipses totales en directo. Con la llegada de la fotografía y la espectrografía pudo avanzar notablemente no solo el conocimiento de los eclipses, sino también el de la naturaleza del Sol y la composición de su atmósfera.

La primera fotografía de un eclipse total se la debemos a Johann Julius Friedrich Berkowski, que el 28 de julio de 1851 obtuvo una instantánea de calidad desde el Observatorio Real de Königsberg (actualmente Kaliningrado, en Rusia).

Esta es la primera fotografía de un eclipse y data del 28 de julio de 1851. Se observa perfectamente la corona solar y algunas protuberancias del astro.
Esta es la primera fotografía de un eclipse y data del 28 de julio de 1851. Se observa perfectamente la corona solar y algunas protuberancias del astro.

En España fue histórico el de julio de 1860. Las fotografías tomadas ese día permitieron conocer mejor la forma y las características del Sol, como su superficie irregular llena de protuberancias. El eclipse del 18 de agosto de 1868 supuso otro hito científico. El astrónomo francés Pierre Jules Janssen registró desde la India que en la luz solar había un elemento químico desconocido hasta entonces en la Tierra. Lo descubrió al ver una desconcertante línea amarilla en el espectro. Al relacionar este nuevo elemento directamente con el Sol, decidió llamarlo helium (helios en griego significa ‘sol').

ALGUNAS PREGUNTAS

¿Quiénes fueron los astrólogos borrachos?

Aunque con toda probabilidad se trata de una leyenda, en uno de los textos clásicos del confucianismo (recopilados entre los siglos VI y V a.C.) se habla de un eclipse que no pudo ser predicho por los dos astrólogos imperiales porque estaban borrachos. Parece que el enfado del emperador de la dinastía Xia (entre 2136 y 2128 a.C.) fue enorme y ordenó que fueran decapitados.

¿En qué consiste el ciclo de Saros?

Se ha calculado que cada 223 lunas —lo equivalente a unos 6.500 días y, a su vez, a unos 18 años— la Luna y la Tierra se encuentran en la misma posición con respecto al Sol. Así que la alineación entre los tres cuerpos celestes será igual dentro de 18 años. Sin embargo, no se verá desde la misma zona del planeta, por lo que, aunque se repita, lo disfrutarán desde otro lugar.

¿Cuál es el eclipse más importante de la historia?

La física cambió para siempre el 29 de mayo de 1919. Durante un eclipse total, dos expediciones situadas a ambos lados del Atlántico consiguieron fotografiar las estrellas que rodean al Sol. Al comparar las imágenes, comprobaron que su posición parecía variar. Esto solo se podía explicar porque los rayos de luz se desviaban al pasar cerca del Sol. Esto demostraba la teoría de la relatividad de Einstein.