Hay que aprender a disfrutar de la comida dominando el instinto de comer
12 feb 2014 . Actualizado a las 12:24 h.El índice de masa corporal medio de las personas, que es indicativo del grado de obesidad, no ha dejado de aumentar en el mundo desde 1980. Este índice se calcula dividiendo el peso de una persona (expresado en kilogramos) entre el cuadrado de su altura (en metros).Hace años que la Organización Mundial de la Salud considera la obesidad como una epidemia que se extiende silenciosamente por todo el mundo.
Contra la gula, templanza
Los experimentos con ratas demuestran que, puestas a elegir entre su comida habitual y un menú de alimentos hipercalóricos (como salchichas, chocolate y tarta de queso), prefieren estos últimos, y los consumen hasta la saciedad y desarrollan rápidamente obesidad. No solo eso, incluso si se las avisa (con una luz) de que van a sufrir un impacto desagradable (descarga eléctrica), estas ratas ignoran la advertencia; a diferencia de las otras, que escapan y abandonan la comida tan pronto como perciben que pueden sufrir la descarga. Para algunos investigadores, esto significa que en los estados de sobrealimentación se activan los sistemas de recompensa cerebral hasta el punto de que inhiben los mensajes biológicos que suprimen el hambre. Es como si desarrollaran adicción a la comida.
En los humanos se ha descubierto que las ganas de comer están reguladas por unas hormonas que actúan sobre diferentes partes del cerebro desencadenando sensaciones de placer y gratificación. Cuando el intestino comienza a llenarse, se liberan otras hormonas, como la leptina, cuya función hace desaparecer el hambre y reduce la sensación de placer. En consecuencia, la comida deja de resultar apetecible. Parece que los alimentos ricos en grasas y azúcares, además de visualmente apetecibles, activan con tanta intensidad los circuitos cerebrales que estimulan el hambre que luego estos no logran desactivarse. Un ejemplo de algo parecido sucede cuando después de tener una comida copiosa, aunque parece que ya no podemos comer más, nos traen un delicioso postre de nuestro gusto. Como si fuera por arte de magia, ¡encontramos espacio para un último bocado!
Predispuestos a la obesidad
Varios estudios genéticos respaldan la hipótesis de que la evolución humana ha discurrido hacia la predisposición de las personas para que podamos acumular grasas rápidamente cuando nos encontramos con un exceso de alimentación. Era una gran ventaja cuando nuestros antepasados dependían de los alimentos que encontraban y podían pasar largas temporadas de hambre. Nuestro metabolismo sigue siendo el mismo que antaño, aunque la abundancia de alimentos sea una de las características de la vida actual.
Además de la naturaleza, el entorno también empuja a las personas hacia el sobrepeso. Por ejemplo, los alimentos ricos en grasas y azúcares son baratos, muy accesibles y aportan una gran cantidad de calorías. Por otro lado, el cambio de costumbres hacia una vida más sedentaria, en la que se ha reducido enormemente la actividad física, disminuye la necesidad de calorías. Se produce así un desequilibrio entre el consumo y el gasto de calorías que se traduce en acumulación de grasas y obesidad.
También se han descubierto otros factores que predisponen hacia el sobrepeso. Son el consumo de algunos medicamentos (antidepresivos y psicoactivos), la exposición a disruptores endocrinos (sustancias que bloquean o imitan a las hormonas) que se encuentran en muchos productos, la maternidad tardía, las horas de sueño insuficiente, los ambientes climatizados y el estrés. Incluso la diferente composición de la flora bacteriana podría predisponer a la obesidad.
Números de epidemia
Según la Organización Mundial de la Salud la cantidad de personas obesas se ha duplicado desde 1980. En la actualidad, cerca de 1.500 millones tienen soprepeso y cada año mueren unos 3 millones a consecuencia de alguna enfermedad relacionada con la obesidad. Los expertos de esta organización afirman que se ha subestimado el alcance de la situación. Recuerdan, por ejemplo, que el gasto económico que generan estas personas supera ampliamente el relacionado con el tabaco y alcohol. Es así porque el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo para enfermedades como la diabetes, la artrosis, la osteoporosis, las enfermedades cardiovasculares, la insuficiencia respirtatoria y el cáncer. En nuestro país, el 16 % de los adultos sufren de obesidad.
En la escuela está una parte de la solución
El sobrepeso podría combatirse, pues cada vez se conocen mejor las causas. Finlandia es un ejemplo en el que prácticamente se ha frenado el incremento de la obesidad que sufren otros países. Lo ha conseguido, fundamentalmente, a través de intervenciones en la educación y el consumo. Algunas de las iniciativas puestas en marcha incluyen prohibir los refrescos azucarados (¡un vaso tiene el equivalente a seis terrones de azúcar!), ofrecer comidas gratuitas equilibradas en las escuelas, abaratar el precio de los alimentos considerados saludables y fomentar las actividades físicas y el deporte.
Debate en grupo: Obesidad infantil
Según la Organización Mundial de la Salud, la obesidad infantil es uno de los problemas médicos más graves de los que afrontamos en el siglo XXI. Y es que unos 43 millones de niños menores de cinco años tienen soprepeso. Esta organización dedica a la obesidad, especialmente a la infantil, una serie de documentos: http://goo.gl/TWJm4
- Debatid en clase sobre las recomendaciones y hábitos de consumo que aconsejan estos expertos.
Actividades
Mide tu índice de masa corporal
Hay muchas páginas donde calcular este dato y la que proporciona la Organización de Consumidores es una de ellas. Recuerda que el dato que obtengas en esta página es solo indicativo, pues para niños y adolescentes es necesario hacer algunas correcciones: http://goo.gl/B2F0Ph