Educar sin prisas

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ESCUELA

Reducir el tiempo frente a las pantallas y las actividades programadas ayuda a los chavales a dar rienda suelta a la imaginación
Reducir el tiempo frente a las pantallas y las actividades programadas ayuda a los chavales a dar rienda suelta a la imaginación J. M. CASAL

El movimiento «slow parenting» defiende un estilo familiar más relajado que no obligue a los niños a crecer antes de tiempo

24 oct 2012 . Actualizado a las 13:21 h.

Los padres y las madres de hoy en día andamos algo estresados. Y nuestros hijos, también. Al menos eso es lo que dicen las estadísticas, que estiman que un 10 % de los niños españoles sufren con frecuencia episodios de ansiedad a nivel familiar o escolar. Y es que andamos tan a mil por hora que a veces ni siquiera tenemos tiempo para leerles un cuento completo antes de irse a la cama. «¡Venga, venga!», les apuramos, «ya tenías que estar durmiendo a estas horas». Somos capaces de suprimirle el número de enanitos a la historia de Blancanieves con tal de acabar antes... o de recurrir a ejemplares de «Microcuentos para leer en un minuto». Precisamente esto es lo que hacía con su hijo Carl Honoré, periodista canadiense inmerso en el ritmo frenético propio de su profesión, hasta que se dio cuenta de la locura de vida en la que estaban inmersos él y su familia. «En un momento de lucidez me di cuenta de que no estábamos viviendo la vida, sino pasando por ella a toda velocidad», diría después Honoré, autor de El elogio de la lentitud y gurú de esta nueva tendencia educativa que cada vez tiene más adeptos en Estados Unidos y Europa. El movimiento slow (despacio) aplicado a la educación propone abandonar el ritmo de vida alterado propio de nuestros días y sustituirlo por otro más calmado, que permita a los padres reconectar con sus hijos y recuperar valores olvidados en la avalancha consumista de las dos últimas décadas. La sobreprotección, la planificación de los horarios de los niños hasta el último detalle, la falta de tiempo de ocio o el nivel de ansiedad de los padres por preparar a sus hijos para una sociedad competitiva son algunas de las razones que esgrime para defender la necesidad de un cambio de actitud.

Es lógico querer lo mejor para nuestros hijos... pero a veces nos empeñamos en que sean como a nosotros nos gustaría que fueran. No como ellos quieren ser. El propio Honoré explica cómo se emocionó cuando la profesora le informó de las dotes artísticas de su hijo de 7 años. Llegó a casa y le dio a su «pequeño Picasso» lo que creía era una buena noticia: a partir de ese día, iba a tener un profesor particular de dibujo. Pero el niño, disgustado, respondió: «Yo prefería pintar tranquilamente».