Pablo Iglesias: guiños a Sánchez con la Constitución bajo el brazo

Optó por un tono moderado e institucional y buscó incansable la complicidad del candidato socialista


Redacción / la Voz

Hay dos Iglesias. Está el orador on fire, que en los mítines se pasea por el escenario imitando al hiperventilado Tom Cruise en Magnolia. Es el ungido por los inscritos y las inscritas para aniquilar el Ibex 35. El otro Iglesias se llama Pablo Manuel y reside en una vivienda unifamiliar. Si Iglesias viste polo revolucionario, el modoso Pablo de Galapagar gasta camisa con corbata -floja, para marcar distancias con el capitalismo- y predica la moderación institucional.

Anoche, Iglesias se quedó en la sierra aferrado a su Bic cristal y mandó a Madrid a Pablo Manuel en un taxi con la Constitución bajo el brazo y un rotulador nuevo en el bolsillo. Abrió el debate a cinco en modo zen y aprovechó el intercambio de golpes sobre Cataluña para salir al rescate de un Sánchez acorralado por las propuestas recentralizadoras de «las tres derechas». Soltó el capote, recordando que Podemos y el PSOE ya gobiernan juntos en Barcelona, pero el aspirante socialista rehuyó tanta complicidad en directo y le afeó que los comunes quieran organizar un referendo de autodeterminación.

Mimó a Sánchez, buscó con eficacia las cosquillas de Abascal en cuestión de memoria histórica y, mientras Rivera sacaba de su maleta de Mary Poppins un adoquín, desenfundó varios artículos de la Constitución. No el 155, la celebrity de la Carta Magna, sino el 128, que asegura que toda la riqueza del país estará subordinada al interés general y que Iglesias definió como el «más patriótico» de su nuevo libro favorito, del que hasta ofreció un manual de instrucciones: «La Constitución no es un ladrillo para arrojarlo contra los demás».

Tras tanto desplante de Sánchez a sus carantoñas, el candidato de Podemos espetó al socialista que sus votantes están «perplejos» por su negativa a pactar y entonó unas líneas dignas de una rumba de Bambino: «Esto no va de usted y de mí, no va de nuestra relación, sino de la gente».

Usurpado por el descorbatado Abascal su papel de antisistema, el lacrimógeno minuto de oro de Iglesias se quedó a medio camino entre el desamor y la homilía.

LO MEJOR

La televisión es su hábitat natural, por lo que manejó con soltura los tiempos, el tono contenido y las réplicas.

LO PEOR

Su «lapsus linguae» cuando, al hablar de los violadores, erró en una letra: «Las mujeres están escandalizadas de tantas mamadas (sic)».

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