Una lenta agonía

Tino Novoa EN LA FRONTERA

ELECCIONES 2016

Los partidos tradicionales están en riesgo de perder unos diez millones de electores. O, dicho de otra manera, cuatro de cada diez votantes cambiarán, o se plantean cambiar, el voto que dieron hace cuatro años. Un corrimiento de voto sin parangón desde 1982. Siendo muy diligentes en lo que resta de campaña, pueden lograr retener a un tercio de sus viejos electores. Pero sería solo una satisfacción ilusoria. Como la que tuvo el PSOE en las andaluzas o en las autonómicas. Un espejismo que solo le ha servido para retrasar lo inevitable.

El PP ganará y lo más probable es que gobierne. Pero eso solo servirá para prolongar la agonía. Porque, como le ha ocurrido a los socialistas, el poder es un potente anestésico que vuelve ciegos a quienes lo tocan. Y la realidad que no ven es que son un partido marginal entre los menores de 35 años y residual para los nuevos votantes.

Los partidos emergentes son ya los referentes principales para los españoles de menos de 54 años. Y lo son no por lo que han hecho ellos -nada, salvo prometer en algunos casos lo imposible-, sino por los desastres acumulados por los partidos tradicionales. En lugar de clamar contra populistas e inexpertos, Rajoy haría bien en mirarse al espejo, porque es responsable de su crecimiento. Con sus reiterados errores, PP y PSOE se han condenado a tener que luchar por su propia supervivencia durante la próxima legislatura.