Miedo, hay mucho miedo


Ya se sabe que el miedo es libre y vuela solo. Y si no, pregunten en el PP. Los populares habían ninguneado hasta ahora a Albert Rivera. Un mero comparsa, según ellos. Rajoy, en plan emperador, se pasea por los platós de televisión ajeno a los debates entre segundones. A pelearse con ellos manda a Sáez de Santamaría. Su segunda. O no. Que algunos ya ven acercarse la sombra de Bruto. Acostumbrado a mirar a lo lejos para vigilar a Pedro Sánchez, va a resultar que, fuera de foco, igual se le cuela un rival más peligroso. No solo porque le robe votos sino porque lo que sí parece seguro es que para gobernar necesitará a Ciudadanos. Y las exigencias serán duras. Puede que incluyan su cabeza. Y eso da miedo, mucho miedo.

Más o menos el que debe de sentir Pedro Sánchez, acosado por todos los flancos. Pero si duro es tener que cuidar la espalda al doblar las esquinas, más lo es aún que el enemigo más peligroso le espere en su propia casa. El candidato socialista solo tendrá una oportunidad de hacerlo bien. Y deberá hacerlo en las peores condiciones. Porque ocupa el espacio político más goloso para los emergentes, y por lo tanto el más disputado. Pero, sobre todo, porque llega a las elecciones con un partido más debilitado que nunca, dividido, fragmentado, y con muchos compañeros esperándole el día 21 con la guadaña en la mano. Es difícil llegar lejos cuando se avanza por un campo de minas y hay que meditar cada paso que se da.

Todos tienen miedo porque se juegan su futuro. Y porque saben que nada es seguro. La campaña está muy abierta y cualquier error puede ser un paso hacia la tumba política.

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