La risa del concelleiro Albert


Si Albert Rivera fuera viejo no estaría a gusto consigo mismo. No lo es, todavía. Quizás por eso ríe. A lo peor no sabe que una de las grandes virtudes del ser humano es hacerse mayor. Que sumar años no es una condena, es un privilegio. Sí, rectificó su versión política de La fuga de Logan, pero el subconsciente es el subconsciente. Ríe Albert Rivera desde los carteles pegados en fachadas de plazas que no conoce, desde las banderolas colgadas de farolas en calles que nunca ha pisado, desde los pasquines que el viento mece caprichosamente estos días por las cuatro esquinas de una tierra ignota para él. Ríe Albert Rivera porque se ve ya concejal, concelleiro, llave de gobiernos, mientras su candidata en Lugo, de nombre Olga Louzao, puede que saltándose una norma no escrita del partido ?mejor, cuanto peor nos conozcan? habla con un potencial votante. Porque ningún votante es demasiado viejo si aún puede votar. Esto lo sabe ahora hasta Albert Rivera, con su risa joven de paisaje. Él, que vino, aunque en realidad aquí no vino, a decir que Galicia está mejor sin AVE, no vaya a ser que rejuvenezcamos todos de golpe y nos dé por hacerle la competencia.

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