¿Una tableta por escolar y una pizarra digital por aula hacen una escuela mejor? La respuesta no es pacífica, viendo el goteo de centros educativos convertidos en objetores digitales aquí y en el resto de Europa. Aún entendiendo la inquietud de algunas familias y docentes, adolecemos de una investigación mínima y de calidad suficiente que fundamente estas decisiones.
En el 2023 Nature Human Behaviour elaboró 2.451 estudios sobre dos millones de jóvenes menores de 18 años para concluir que el uso de las pantallas evidencia por igual riesgos y beneficios, y que sus efectos sobre el aprendizaje dependen del tiempo empleado, del qué, con quién y con qué objetivo se miran.
Ratificaba así el Estudio Internacional del Progreso en Comprensión Lectora 2021 y el último PISA, donde los escolares de mayor rendimiento y capaces de discriminar hechos de opiniones dedican menos de 30 minutos diarios a las pantallas y leen libros de más de 100 páginas, que les ayudan a reflexionar mejor. Entonces, ¿cómo responde el sistema educativo al desafío planteado por la revolución digital que vivimos? ¿Es mejor enseñar para adquirir conocimientos o enseñar para orientar y aprender con una tecnología que crea cada dos días la misma información producida desde el nacimiento de la escritura hasta el 2003?
Hoy vivimos en una encrucijada histórica. Hoy estamos transitando desde un modelo basado en repetir contenidos a otro en el que hay que aprender a aplicarlos. Y esto sucede con el 99,9 % de la información generada digitalmente desde el 2007. Afrontamos, pues, dos consecuencias inmediatas. Por un lado necesitamos energía física e intelectual para procesar un contenido inútil si no sabemos aplicarlo. Por otro, el estar atentos a todo y a nada impide profundizar en cualquier tema, con los riesgos sucesivos de superficialidad y deshumanización.
Por eso la escuela siempre es determinante. Históricamente responsable de la alfabetización de la comunidad, ahora debe continuar alfabetizando digitalmente. Pretender que nuestros jóvenes ignoren en el aula lo que viven fuera de ella es retrasar el uso adecuado de una tecnología que, más allá de riesgos y expectativas, servirá a quien la entienda y orillará a quien no sepa utilizarla.
Es importante recordar que el tiempo escolar supone solo un tercio del día de un estudiante y que la competencia digital es un objetivo estratégico europeo, además de estar presente en el currículo nacional y en el autonómico. Citando a la investigadora Nuria Oliver, necesitamos crear una sociedad de eruditos digitales.
Esto significa equilibrar innovación tecnológica y sabiduría humanística. Significa enseñar a leer y entender con argumentos complejos, con una programación más profunda que extensa, más interdisciplinar que compartimentada. Significa innovar con responsabilidad, poniendo la tecnología al servicio del bienestar humano.
Respondiendo a la pregunta inicial, lo que hace una escuela mejor tiene más que ver con una preparación actualizada de los docentes, con el currículo adecuado, con la supervisión de lo impartido y con la colaboración familiar. Solo así prepararemos a nuestros jóvenes para liderar esta revolución digital con dignidad y conocimiento.