Los colegios ya ventilan como aconseja la Xunta, y en la semana de más frío

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira REDACCIÓN / LA VOZ

EDUCACIÓN

POR ENCIMA DE MIL. El IES David Buján (Cambre) lleva desde septiembre midiendo el CO2 de una clase, y desde noviembre es uno de los centros piloto de la app de la Xunta-USC. El objetivo es no superar en ningún caso las 1.000 ppm, y es difícil. Eso sí, antes de la pandemia se podía llegar a los 2.800
POR ENCIMA DE MIL. El IES David Buján (Cambre) lleva desde septiembre midiendo el CO2 de una clase, y desde noviembre es uno de los centros piloto de la app de la Xunta-USC. El objetivo es no superar en ningún caso las 1.000 ppm, y es difícil. Eso sí, antes de la pandemia se podía llegar a los 2.800 CÉSAR QUIAN

La primera impresión es que la pauta recomendada es insuficiente

13 ene 2021 . Actualizado a las 17:49 h.

El lunes se repartieron las contraseñas a todos los colegios de Galicia para acceder a la web ventilacion.usc.es, una aplicación diseñada por la Facultad de Física de la USC con el respaldo de la Consellería de Educación para determinar cuánto y cómo se deben abrir las ventanas de cada aula. Pocos centros son los que ya la han probado y aún es pronto para sacar conclusiones, pero la primera impresión es que la pauta recomendada de apertura de ventanas y puertas es insuficiente para mantener el ambiente por debajo de las 700 partículas por millón (ppm) de concentración de CO2 que recomiendan los expertos más exigentes.

La idea de la aplicación es ambiciosa, porque envía al centro una recomendación diaria en función de la orientación de cada aula, el número de ventanas y puertas, cuántos alumnos están dentro y si alrededor hay naturaleza u otros edificios, por ejemplo; todos esos datos los cruza con las previsiones de MeteoGalicia —especialmente en lo que a viento se refiere— para esa zona concreta, y a partir de ahí se proponen aperturas en cada clase.

Algunos de los centros que ya se han inscrito y que contaban con sensores de CO2 detectan cierta limitación en las recomendaciones de la app, es decir, el tiempo de apertura de ventanas y puertas que les propone no es suficiente para mantener las aulas por debajo de las 700 ppm. Este es el umbral ideal, aunque hay una idea general de no pasar nunca de 1.000 ppm, y a veces incluso se supera (muy ligeramente) si se cumple con las recomendaciones de la web.

«En un aula con 23 alumnos, si cierras las ventanas pasas de 500 a 800 ppm en cinco minutos»

La directora de un centro de la provincia de A Coruña explicaba que «las recomendaciones son opuestas a lo que hacemos, porque nos dice que por sesión tenemos que abrir dos veces durante tres minutos cada una las ventanas, y nosotros las tenemos abiertas toda la sesión excepto cinco minutos». Y añade a modo de ejemplo: «En un aula con 23 alumnos, si cierras las ventanas pasas de 500 a 800 ppm en cinco minutos».

Otros equipos directivos consideran demasiado detallada la recomendación, y por tanto compleja de ejecutar: «En el aula X nos propone abrir dos veces a la hora —dice el director de instituto pontevedrés— y para el aula Y, tres veces. Como los profesores pasan de una clase a otra, es una complicación saber cuántas veces tienen que abrir cada clase». Es posible que este centro opte por unificar la pauta en la más exigente, y así garantizar la limpieza en todas las aulas.

«Antes de la pandemia en las clases se marcaban hasta 2.800 ppm»

En el IES David Buján (Cambre), que ha participado en el proyecto desde noviembre, creen que lo mejor es que cada clase cuente con un medidor de CO2, aunque es una solución bastante cara. Ellos tienen algunos a modo de prueba (además de los que les ha puesto la USC, pero que no tienen pantalla para ver las mediciones durante la clase) y reconocen que es fácil llegar a 1.000 ppm. José Viñas, profesor de Biología y miembro del Comité Educativo de Galicia, es optimista a pesar de todo: «Es complicado mantener el ambiente adecuado, pero tenemos que pensar que antes de la pandemia en las clases se marcaban hasta 2.800 ppm. Eso explicaba que los alumnos estuviesen adormecidos e incluso alguno se marease».

Alumnos del IES Blanco Amor de Ourense
Alumnos del IES Blanco Amor de Ourense Miguel Villar

en el ies blanco amor de ourEnse

«Los alumnos están demostrando una increíble capacidad de adaptación»

M. D.

El regreso a las aulas tras las vacaciones de Navidad fue el más frío en años para los alumnos gallegos. Las previsiones apuntan a que el aire polar se despide, pero no sin antes haber dejado casi congelados a estudiantes y profesores por la necesidad de ventilar para prevenir contagios de covid. En Ourense el termómetro llegó a marcar varios grados bajo cero. Y la temperatura del exterior no se diferencia demasiado de la que se registra dentro de las aulas de los centros educativos. Ayer, aunque ya era mediodía, el hielo cubría el capó de los coches aparcados a la entrada del IES Blanco Amor, en el barrio ourensano de A Ponte. La ventilación obligatoria como medida de prevención hace que los enormes portones que dan al patio de este instituto permanezcan abiertos durante toda la jornada.

«La realidad es que hace mucho frío, pero los alumnos están tan concienciados que no hace falta ni recordarles que tienen que abrir las ventanas. Desde que llegan a primera hora, cuando la temperatura es más baja todavía, ellos mismos se encargan de ventilar», explica Concha Álvarez, vicedirectora del instituto, con abrigo y guantes puestos, mientras camina hacia una de las aulas de 2.º de bachillerato. Allí 18 adolescentes están en mitad de una clase de Química que imparte la profesora Carmen Domarco: «Nosotros lo llevamos con resignación. Nos armamos con varias capas de ropa y al final entre que escribimos en el encerado y que nos movemos para explicar, vamos entrando en calor. Lo peor es para los alumnos, cuando veo que alguno empieza a tiritar, cerramos unos minutos la ventana».