¿Cómo debe ser el currículo escolar en España?

El Ministerio de Educación convoca a expertos que proponen un contenido de mínimos que crezca con la autonomía de los centros y los intereses de los alumnos

Imagen de archivo de estudiantes de la Grande Obra de Atocha (A Coruña) trabajando en un proyecto sobre Roma y el agua
Imagen de archivo de estudiantes de la Grande Obra de Atocha (A Coruña) trabajando en un proyecto sobre Roma y el agua

Redacción / La Voz

El segundo foro telemático organizado por el Ministerio de Educación para analizar el currículo escolar del futuro se centró en qué cambios necesita este nuevo currículo, después de reflexionar en la primera jornada sobre por qué es importante rediseñarlo. En este encuentro (de los cuatro totales que tendrá el proyecto) quedó claro que debe ser flexible, básico, ha de permitir una verdadera, que no retórica, autonomía de los centros y tiene que poner el foco en el alumnado para garantizar el desarrollo máximo de las capacidades de cada uno.

Carmen Fernández Morente, en el foro  El currículo, a debate
Carmen Fernández Morente, en el foro "El currículo, a debate"

Moderado por Enrique Roca, presidente del Consejo Escolar del Estado, a lo largo de la charla (no se puede llamar debate, porque no lo hubo) se trataron más o menos los mismos temas por los ponentes. De entre estos destacó la intervención de la gallega Carmen Fernández Morante, decana de Educación en Santiago y presidenta de la Conferencia Nacional de Decanas/os de Educación. Hizo un recorrido rápido pero completo de las diferentes aristas que se deben tener en cuenta y ya de entrada explicó que cualquier cambio en el temario se debe vincular a novedades en la formación de los profesores (en lo que ella lleva meses trabajando, junto con su equipo y el propio ministerio), la organización escolar (especialmente las ratios y horas lectivas del docente) y la financiación sostenida («hay que aprender de la lección de la Logse», dijo). Resumió el sentir de muchos docentes en esta frase: «La mayoría de innovaciones educativas salen adelante a pesar del currículo y eso no ocurre en otras escuelas europeas con las que trabajan los centros españoles». Morante propone seis cambios fundamentales:

  • Fuera de la política. Resituar el currículo en las fuentes que deben inspirarlo, fuera de la política y la ideología, para centrarse en qué necesitan los alumnos, la experiencia de los docentes y la tecnología actual. «No es una negociación política, es un proceso eminentemente técnico», recalcó
  • Inclusión. El enfoque debe centrarse en el desarrollo integral y éxito de todos los alumnos (visibilice y promueva la diversidad como elemento enriquecedor; compense a los alumnos en lo que necesite)
  • Dar la vuelta. Frente a qué enseñar hay que pensar cómo enseñar lo que se necesita saber. Y en este punto, Fernández Morante habla del valor real de las artes, humanidades y ciencias sociales.
  • Esencial. Otorgar al currículo ese carácter esencial y que se adapte a los contextos sociales: «Más información no es más conocimiento», decía la decana compostelana, para añadir que adaptarse «no es ablandar la enseñanza, es robustecerla».
  • Competencias clave. Recalcó Morante que deben incorporarse de forma efectiva («esto lo subrayo») porque son necesarias para la vida en sociedad y que ahora «se abordan en las materias de libre configuración». Habló de todas ellas, como de la «competencia digital y mediática», que «va más allá del manejo de los recursos tecnológicos» porque, explicó, «ahora la brecha digital no se limita a la falta de recursos, sino que se concreta en la falta de capacidad para hacer un uso adecuado de los nuevos medios en todas las facetas de la vida».
  • Guías de evaluación claras. Hay que recuperar la metodología, recursos y evaluación relegados hoy al contenido, y para ellos los docentes requieren «de unas guías de evaluación que faciliten el cambio y lo hagan viable», ya que a medida que avanza el nivel educativo se hacen inviables las estrategias de cooperación, aprendizaje activo y la comunicación que se implementa en los primeros años.

El resto de los ponentes incidió más o menos en alguno de esos puntos, como Antonio Bolívar —fue profesor de bachillerato y ahora es catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Granada (España), además de haber estado implicado en el diseño de Educación para la Ciudadanía—, quien recordó que las oposiciones a educación tienen un temario de 1992. Recordó que el error en España ha sido «vincular los cambios curriculares con los cambios legislativos» —una amenaza que permanece— y hacerlo sin continuidad, y frente a esto puso de ejemplo a Francia, que decidió en el 2006 cuáles serían las enseñanzas mínimas y estas se confirmaron en el 2015. Bolívar cree que lo que no se debe hacer es lo mismo que hasta ahora, con temas por asignaturas y cursos, con horas establecidas, poca transversalidad y estándares de aprendizaje uniformados.

Ha de estar claro qué cosas no deben ignorar al acabar la educación obligatoria

Lo señaló también, de una manera escueta y muy clara Aurora Ruiz —química y profesora de secundaria, exdirectora general de Educación de la Comunidad de Madrid, escritora e investigadora y miembro del patronato de la Fundación Cives—, quien habló de varios cambios: eliminar la tradicional estructura de las asignaturas y educar por ámbitos (que tengan su espejo en las especializaciones docentes); dejar el temario en lo esencial —no se trata de que los alumnos aprendan poco, sino de que esté claro qué no deben ignorar—; adaptar horarios, espacios, grupos y departamentos didácticos de los centros; y cambiar el enfoque de la formación inicial y permanente del profesorado. Josefina Cambra —presidenta del Consejo General de Colegios de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias— reflexionó sobre por qué el currículo basado en competencias, y que recoge teóricamente la Lomce, no ha acabado de implantarse: «No se forma a los docentes para que puedan transmitir este aprendizaje» y dio datos de algunos de los estudios realizados por el consejo: solo el 50 % de profesores del Magisterio y del máster del profesorado creen estar preparados para enseñar por competencias; y el 57% de los alumnos del máster y solo el 25% de los del grado sabían lo que eran las competencias básicas. Como nota positiva, recalcó que estos futuros docentes han mejorado en el trabajo en grupo y la exposición en público. También alertó de los falsos debates de la escuela, como «disciplina versus competencias» o el miedo a que «desaparezcan» algunas materias.

«Los exámenes y los libros de texto son los vertebradores del currículo»

Carmen Rodríguez —profesora de la Universidad Málaga, exdirectora general de Educación en Andalucía y miembro del Foro de Sevilla— dijo también otra de las frases más aplaudidas en las redes sociales (Internet seguía el foro con la etiqueta #CurrículoaDebate) al decir que «los exámenes y los libros de texto son los vertebradores del currículo» actual.

«Maradona no se hizo a los 22 años, se hizo a los 12 o 13»

Y una mención muy interesante y conmovedora del foro fue la de Jose Antonio Expósito, filólogo y director del IES Las Musas de Madrid, quien participó desde el hospital, ya que acaba de ser operado y contó su experiencia en su centro a partir de una premisa: «El currículo está en función del país que queremos dentro de diez años, y sin ciencia, España no tiene futuro». Contó que en su centro «decidimos ser transgresores de la ley, hemos roto las costuras del currículo y las horas didácticas». Defendió que cada centro debe «crear una narrativa, tener libertad» y en su caso apostaron por la ciencia, «el único camino de un país que quiere progresar». Esto se tradujo en colaboraciones con instituciones como el CSIC, CNI, la Agencia Aeroespacial, hospitales, y programas voluntarios de profesores, alumnos e investigadores. «Surgen cosas maravillosas. Los chicos crecen, descubren, se ilusionan. Los profesores no repiten todos los años la Celestina o los polímeros». Y aprovechó la coincidencia de las fechas para decir que «Maradona no se hizo a los 22 años, se hizo a los 12 o 13». Acabó pidiendo que la transformación del contenido también suponga la transformación de los espacios: «Los centros son inhóspitos, feos, deteriorados» y cuando se ven imágenes unas elecciones de hace décadas, los colegios siguen igual; «si no entra la luz, la vanguardia, la modernidad, estaremos dando vueltas en el mismo círculo oscuro de siempre».

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