Un perrito para educar a los parvulitos

Alumnos de educación infantil aprenden cuatro conceptos fundamentales para la vida jugando en su clase con Nana y Jym, dos canes terapéuticos

Los perros ayudan a los niños a interiorizar normas básicas y a socializar
Los perros ayudan a los niños a interiorizar normas básicas y a socializar

a coruña / la voz

Son las nueve de la mañana y los más pequeños del CEIP Sagrada Familia, en A Coruña, se disponen a comenzar su jornada educativa. No es un día más. A los profesores habituales se han unido cuatro colaboradores. Se trata de Nana y Jym, dos enormes perros terapéuticos, que junto con Daniel Ramos y Miriam Vizcaíno, van a participar en las actividades de hoy.

Estos bellos ejemplares de labrador y golden compartirán unos minutos con niños de tres a seis años. Es la primera vez que acuden a este centro educativo situado en un humilde y multicultural barrio de la capital herculina.

Los niños están expectantes. Algunos con cierto recelo ante el tamaño de los animales. «No tengáis miedo que ellos vienen a ayudaros, a jugar con vosotros, a colaborar para facilitaros el aprendizaje», inicia su intervención Daniel Ramos, uno de los profesionales de la empresa Increscento, encargada de la actividad.

Una voluntaria se levanta para saludar a los perros. Extiende su mano a la espera de que este le responda con su patita. «Ese es un error que cometen muchas personas. El saludo se hace acariciándoles el lomo», le explica Daniel. La pequeña acompaña a Nana para que reciba los buenos días de cada uno de sus compañeros. Si no hay saludo para comenzar el día, Nana y Jym no responden. Primera lección aprendida; hay que dar siempre los buenos días.

La excitación de los niños es tal que comienzan a levantar la voz de forma inconsciente. Los visitantes no se encuentran a gusto ante el barullo y muestran, de forma suave, su disconformidad. «No soportan los gritos, así que mientras no haya silencio ellos no van a querer participar en los juegos», advierte Miriam. El griterío se torna en susurros. Segunda lección aprendida: no se puede gritar ni hablar todos a la vez.

Mientras los niños siguen maravillados con los dos ejemplares caninos, la profesora trata de convencer al único pequeño que no quiere participar de la actividad. «Le cuesta integrarse en la dinámica del grupo», explica la docente.  

Integración

Comienzan los juegos y los responsables de los animales convencen a este pequeño para que salga al centro del círculo. Primero lo hace con timidez. Un pasito adelante. Dos atrás. Pero acaba cogiendo impulso y se lanza. Saluda a Nana, Esta le regala una mirada cómplice que termina de convencerlo. Poco a poco el más joven de los párvulos se va soltando. Llega la hora de la primera actividad y agarra un aro. Nana debe pasar atravesarlo de un salto. «¡Salta! ¡Salta!». Pero el perro no responde. ¿Por qué?

«Porque no se lo hemos pedido por favor», responde una de las pequeñas. Los animales solo responden al estímulo de las «palabras mágicas». «Nana, ¡salta, por favor!». Y la respuesta es inmediata. Tercera lección aprendida: pedir las cosas por favor.

Es el momento de llevar a cabo la siguiente actividad. Muchos son los pequeños que se presentan como voluntarios. Ante el revuelo, nueva indecisión de Lana. «Si vais todos al mismo tiempo, tampoco responde. De uno en uno». Hay que levantar la mano y pedir permiso. Cuarta lección aprendida: cada uno en su turno.

En apenas unos minutos, los pequeños han interiorizado cuatro conductas de comportamiento y uno de los niños se ha integrado con sus compañeros de una forma inusual en él. El objetivo está cumplido.

«Tratamos de introducir esta terapia porque supone un elemento motivador sensacional para el aprendizaje a nivel pedagógico, además de para la socialización y en actividades de inclusión. Solo hay que ver la carita de los niños», explica María Luisa Porral, directora del centro.

Una innovadora forma de educar llena de beneficios pero con un gran inconveniente. Su alto precio. Cada sesión cuesta entre cuarenta y cincuenta euros por clase, lo que multiplicado por número de cursos y semanas da un resultado de miles de euros, que los centros públicos no pueden asumir. El Sagrada Familia trabaja en la búsqueda de esa financiación para que esta clase extraordinaria con Nana y Jym se prolongue en el tiempo y se convierta en seña e identidad del centro.

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