Las cifras presentadas ayer sobre las reválidas me dejan intranquila. Un exjefe siempre me alertaba de que repasase bien los números, no solo las operaciones, sino las ideas que desprenden, porque, como decía Churchill, «los números, convenientemente torturados, acaban confesando casi cualquier cosa». Y esto es su claro ejemplo.
Centrémonos en las cifras de las Matemáticas. Según se dijo ayer, el 76 % del alumnado pasó el examen en los niveles intermedios o buenos, el 11 % sacó nota baja y el 13 %, muy alta. Estupendo, ¿no? Pues no. Porque según la Xunta, el examen lo aprobó el 82 % de los alumnos, lo que indica por eliminación que el 18 % lo suspendió. Pero solo el 11 % sacó un nivel bajo según la Xunta, así que el 7 % restante de los suspensos, ¿estaba en el grupo del nivel intermedio? Pues sí, porque se comparaba con las pruebas de diagnóstico de 4.º de primaria que había hasta ahora. Pero quedaron dudas en el aire: ¿cuántos niños estaban en los grupos altos de esos supuestos tres niveles intermedios y cuántos están ahora? ¡Ay, sabio Churchill!
Y es ahí donde nace mi intranquilidad. No sé muy bien qué opinar de mi Administración que considera «intermedio» al suspenso del 7 % de sus alumnos, y además lo celebra. No sé qué opinar de una Administración que no se cae redonda cuando descubre que casi 1 de cada 5 estudiantes ya tienen problemas con las mates a los 9 años. ¿Nadie se plantea cambios en la metodología, o un refuerzo brutal de profesores de apoyo o de los servicios sociales para atajar problemas? Sí, realmente lo que más me asusta es su absoluta complacencia.