«Coñecemos rapazas ás que controlan polo WhatsApp»

Aunque el asunto no es nuevo, la semana pasada el ministerio de sanidad ha hecho saltar las alarmas con el anuncio de una nueva campaña para frenar el incremento entre los adolescentes de conductas machistas. un grupo de jóvenes gallegos describen cuáles son y cómo han aprendido a detectarlas. dicen que ponerles freno es una cuestión de educación.


Sus edades varían entre los 14 y 17 años. Van al instituto en la comarca del Deza. Al IES Laxeiro, en Lalín (uno de los centros que participa este mes en los talleres que organiza la Secretaría Xeral de Igualdade); y al Colmeiro, en Silleda. En ambos centros conviven alumnos del medio rural con otros de áreas urbanas. Esa diversidad les permite analizar el problema de las diferencias entre sexos desde una óptica global. Desde esa atalaya observan lo que ocurre a su alrededor: en el aula, en el recreo, en la cafetería y en ese mundo paralelo que son las redes sociales... Lo que pueden comprobar en su día a día corrobora que la estadística que advierte sobre el incremento de las actitudes machistas entre los adolescentes que ha puesto en guardia a la Xunta y al Gobierno central no se equivoca. Su veredicto es arrollador: «Hai un retroceso, cada vez vemos máis actitudes desas ao redor». 

¿Cómo lo saben? Aprendieron a darse cuenta. Les abrió los ojos el club de lectura sobre igualdad al que van en el instituto. Porque, como dice la coordinadora del grupo, Gracia Santorum, primero en el Colmeiro y ahora en el Laxeiro, «para resolver este problema crecente fai falla educación». Y eso es algo que recogen trabajos como el realizado por la catedrática de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, María José Díaz-Aguado, para el Ministerio de Sanidad donde dice que el riesgo resulta menor entre aquellos adolescentes con los que se ha tratado el tema en la escuela. 
Darse cuenta qué actitudes son machistas es un primer paso, pero no basta con eso. Lo aprendido en el aula ha de ser luego cultivado en casa. «Hai detalles que pasaba por alto e que agora doume conta de que claro que son actitudes machistas», explica Francisco Javier. Es alumno de ESO y acaba de leer Diario Violeta de Carlota. «Gústanos comezar con ese libro porque introduce moi ben o tema», explica la profesora. Pero han leído muchos más: desde el escrito por la premio Nobel Malala hasta Monstruo de ojos verdes. Francisco comenzó este año el taller, al igual que Jennifer y Cristina, todos alumnos del Laxeiro. Las chicas del Colmeiro, Alba, María, Sonia, Martina y Ana, comenzaron ya hace un par de años. 

Todos han leído el libro. Ahí han descubierto cosas que no sabían.  «No libro falan de que están nunha clase e hai un rapaz gordecho que non da feito os exercicios. Como non logra facelos vai o profesor e dille ?veña non sexas unha nenaza?. Pois  non me decatara de que con esa frase estas minusvalorando ás rapazas dalgunha maneira», explica el chico. 
Pero esa frase describe solo uno de los muchos clichés que están asentados en la sociedad y que continúan estando presentes en todas partes. Los mensajes de los anuncios o lo que dicen algunos de los personajes que aparecen en programas no obvian tampoco ese tipo de clichés. «A tele inflúe moito no cultivo deste tipo de actitudes porque o que ves nos programas acábase convertendo en algo que, a base de escoitalo unha e outra vez, acaba parecendo totalmente normal», explican. 

Una de la actitudes que más observan en su entorno es el uso de las redes sociales o del WhatsApp para difundir contenidos de tinte sexista o para tener controlada a la pareja. «Coñecemos moitas rapazas ás que teñen controladas por WhatsApp», comentan. Y aunque saben perfectamente que eso no es amor, reconocen que «cando che pasa ata pensas que é que o fan porque che queren». Lo peor es que, como dicen, «hai rapaces que desempeñan ese tipo de actitudes, pero en realidade non pensan dese xeito, fano para darse importancia dentro do grupo. O peor é que acaban crendo nesa personaxe».

Pero las redes sociales, observan, también valen para difundir contenidos que marcan la distancia entre hombre y mujer. «Hai algúns mensaxes que andan pola rede que din, por exemplo, ?é de machos tal cousa, é de machos tal outra..», explican. Ante esto, una de las chicas que está en el club concluye que «estamos perdendo a autoestima, as mulleres somos moito máis machistas que os rapaces». Desde que están en el club suelen rebatir esos comentarios. Pero la defensa que hacen de la igualdad también les cuesta: «Chámante feminazi», dicen.

Aunque está en manos de los padres controlar el uso que los adolescentes hacen de las redes sociales o de las nuevas tecnologías, este grupo de alumnos lanzan una advertencia: «Os pais non están preparados para mostrar aos rapaces como facer un bo uso delas porque non as saben utilizar». No es la única: «Os rapaces que viven cos avós, que adoitan ter arraigado en maior medida que a xeración posterior o concepto de que hai cousas que fan os homes e cousas que fan as mulleres, manifestan tamén actitudes que non debería de haber», observan. 
¿Qué hacer ante esto? No lo saben: «Non sabemos. Porque é un problema moi complicado de resolver», concluyen.

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