Cristina Faraldo es asesora jurídica de la mujer en Pontedeume y profesora en la Universidade da Coruña, pero, ante todo, abogada.
27 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Hija y hermana de abogados, era casi obligatorio que Cristina Faraldo se decantase por el Derecho. Con tal convicción que actualmente lo ejerce desde tres ámbitos distintos: como profesora en la facultad de Relaciones Laborales en A Coruña, como asesora jurídica de la mujer en Pontedeume y como letrada en su propio despacho. -¿Con cuál de los tres se queda? -Yo quiero ejercer la abogacía, sin duda. Desde siempre tuve claro que lo que me gustaba eran los juicios. No valdría para pasarme años preparando oposiciones. -¿Y las clases en la Universidad? -Eso fue mi salvación, porque al principio en mi despacho no ganaba mucho dinero. Y me encanta. Me gusta ver que los alumnos me responden, que están motivados. Soy de las profesoras buenas, hago la recuperación de la recuperación, si hace falta. -¿Cómo se enfrenta a un juicio? -Me pongo nerviosísima. Lo preparo como mínimo con una semana de antelación y me paso el día hablando en alto, practicando. En el momento de la verdad descargas toda esa tensión. -¿Por qué lo cambiaría? -Por una plaza fija de profesora, a lo mejor. Pero no, no sería capaz de dejar los tribunales. -¿Qué le proporciona su trabajo? -Me da la oportunidad de resolver problemas, de ayudar a la gente y de estar en contacto con el mundo, que es donde se aprende. -Por su trabajo, se habrá encontrado con situaciones muy duras. ¿Puede regresar a casa como si nada? -No desconecto, no puedo. Hay casos que te dejan hecha polvo, que no te los puedes creer. Ves el lado más miserable del ser humano. Además tengo el móvil encendido 24 horas todos los días de la semana porque en cualquier momento me pueden necesitar. No es la primera vez que me llama un cliente que acaba de dar positivo en un control de alcoholemia y no sabe qué hacer.